Categoría: Libros

  • Mejores libros de terror que dan miedo de verdad

    Mejores libros de terror que dan miedo de verdad

    Libro de terror abierto sobre una mesa de madera junto a una vela encendida en una habitación en penumbra

    La última vez que un libro me hizo dormir con la luz del pasillo encendida yo tenía treinta y tantos años y me daba una vergüenza tremenda reconocerlo. Fue una novela corta, sin sangre, sin monstruos con dientes. Solo una casa y una mujer que caminaba mal. Y ahí entendí una cosa que me ha guiado desde entonces para elegir lecturas de miedo: el terror que de verdad funciona no es el que grita, es el que se te queda dentro y te espera.

    Por eso, cuando alguien me pide los mejores libros de terror, nunca contesto con la lista de éxitos de siempre. Te cuento los que a mí me han pasado factura de verdad, con sus por qué. Ninguno está aquí por vender mucho, sino porque me tocaron algo.

    Los mejores libros de terror que a mí me quitaron el sueño

    1. «La maldición de Hill House», de Shirley Jackson (1959)

    Este es el que te contaba arriba. Jackson no te enseña casi nada: te mete en la cabeza de Eleanor, una mujer sola y frágil, y deja que la casa haga el resto. No sabes nunca si lo que pasa es sobrenatural o es ella desmoronándose, y esa duda es peor que cualquier fantasma. Si solo vas a leer uno de esta lista, empieza por aquí. La serie de Netflix está muy bien, pero no tiene nada que ver con el libro; no la uses como excusa para saltártelo.

    2. «El resplandor», de Stephen King (1977)

    Sé que es obvio, pero es que es que sí. Olvídate de Kubrick un rato. En el papel, el hotel Overlook es un personaje que se alimenta del alcoholismo y la rabia de Jack Torrance, y King te hace querer a esa familia antes de empezar a destrozarla. Da miedo porque el monstruo es un padre. Si nunca has leído a King, este o «Cementerio de animales» son la puerta de entrada perfecta.

    3. «Nuestra parte de noche», de Mariana Enríquez (2019)

    La argentina Enríquez ganó el Premio Herralde con esta bestia de casi setecientas páginas y se lo merecía. Hay una secta, hay una Oscuridad que devora, hay un padre que intenta salvar a su hijo de un destino atroz. Pero lo que te hiela es cómo mete el horror dentro de la dictadura argentina, de los desaparecidos, de lo cotidiano. Terror latinoamericano en estado puro y, para mí, lo mejor que se ha escrito en español en el género en años. Si te sobrecoge lo grande, empieza por sus cuentos de Las cosas que perdimos en el fuego.

    4. «La casa de hojas», de Mark Z. Danielewski (2000)

    Aviso: este no es para todo el mundo. Es un libro que hay que girar, leer del revés, con notas al pie que se comen la página y una historia sobre una casa que por dentro es más grande que por fuera. Suena a truco de feria y sin embargo produce una angustia física, casi de claustrofobia. Lo terminé enfadado y fascinado a partes iguales. Si te gusta que un libro te haga trabajar, este es tu sitio.

    5. «El exorcista», de William Peter Blatty (1971)

    La película eclipsó al libro, y es una pena. Blatty escribe la posesión de Regan con una seriedad casi clínica, y el verdadero protagonista no es el demonio, sino el padre Karras, un cura que ha perdido la fe. Ese pulso entre la duda y lo inexplicable es lo que hace que aún hoy dé miedo de verdad, medio siglo después.

    6. «La mujer de negro», de Susan Hill (1983)

    Cuando quiero recomendar terror a alguien que dice que «esto no es lo suyo», tiro de este. Es una historia de fantasmas clásica, corta, con niebla, una casa aislada y una figura que aparece donde no debe. No hay nada moderno en ella y funciona exactamente por eso: es terror artesanal, de chimenea y noche larga. Se lee en una tarde y te deja mal cuerpo.

    Y si buscas algo más raro o más extremo

    Para quien ya tiene callo, un par de apuestas que no suelen salir en las listas de siempre:

    • «Una cabeza llena de fantasmas», de Paul Tremblay: posesión, realities de televisión y una narradora en la que no puedes confiar. Ambigua hasta el último minuto.
    • Los relatos de H. P. Lovecraft: envejecen mal en algunas cosas y hay que decirlo, pero «El color que cayó del cielo» sigue siendo de lo más perturbador que se ha escrito sobre lo desconocido.
    • «Uzumaki», de Junji Ito: si te abres al cómic, este manga sobre un pueblo obsesionado con las espirales es una de las cosas más inquietantes que he leído nunca. El terror también entra por el dibujo.

    Cómo leo yo el terror para que dé más miedo

    Una recomendación tonta pero que a mí me cambió la experiencia: el terror se lee de noche y despacio. Nada de maratones a mediodía con la tele de fondo. Una lámpara, silencio, y dejar que el libro imponga su ritmo. El género vive de la anticipación, y la anticipación necesita paciencia. Si lo devoras, te pierdes justo lo que da miedo.

    Si después de esta lista te quedas con ganas de más noche larga, échale un ojo a mi selección de los mejores libros de misterio, que rozan el terror sin llegar a él, o a los libros que enganchan y no puedes soltar para cuando quieras algo que tire de ti sin dejarte dormir por otro motivo.

    ¿Cuál me falta? Seguro que hay uno que a ti te marcó y que yo no he puesto. Cuéntamelo, que las mejores recomendaciones de terror siempre me han llegado de otro lector con la voz un poco baja, como quien confiesa algo.

  • Libros prohibidos que hoy son clásicos

    Libros prohibidos que hoy son clásicos

    Pila de libros antiguos de tapa dura sobre una mesa de biblioteca iluminada por luz cálida

    La primera vez que alguien me contó que Madame Bovary había acabado en un juicio, no me lo creí. ¿Un libro que hoy te ponen en el instituto, sentado en el banquillo por ofender a la moral pública? Pues sí. Y no es una rareza: buena parte de los libros que hoy consideramos intocables pasaron antes por la censura, el escándalo o directamente la hoguera. Me fascina esa paradoja, así que me he puesto a repasar unos cuantos libros prohibidos que hoy son clásicos, y te cuento qué los metió en problemas y por qué merece la pena leerlos ahora.

    Aviso desde ya: no vengo a darte una lección de historia. Vengo a hacerte una lista de lecturas con una excusa buenísima detrás. Porque hay algo muy honesto en un libro que molestó de verdad a alguien. Significa que tocó un nervio.

    Cinco libros prohibidos que hoy nadie discute

    Madame Bovary, de Gustave Flaubert

    Empiezo por la que me abrió los ojos. En 1857, Flaubert fue llevado a juicio en Francia acusado de atentar contra la moral por su retrato de Emma Bovary, una mujer casada que se aburre, se endeuda y busca en el adulterio la vida que las novelas románticas le habían prometido. Lo absolvieron, y el escándalo disparó las ventas (los juicios, ya entonces, eran buena publicidad).

    Lo que a mí me atrapa no es el morbo, sino la precisión. Flaubert disecciona el aburrimiento y la insatisfacción con una frialdad de cirujano que sigue doliendo. Si nunca la has leído porque te suena a «clásico obligatorio», dale una oportunidad de adulto. Cambia la cosa.

    El amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence

    Este es el caso de manual. Lawrence lo publicó en 1928 de forma privada en Italia, porque en Reino Unido era impensable. La edición íntegra no llegó a las librerías británicas hasta 1960, y lo hizo tras un juicio célebre contra Penguin en el que el fiscal preguntó al jurado si era el tipo de libro «que dejarías leer a tu mujer o a tus criados». El jurado absolvió. Se vendieron cientos de miles de ejemplares en cuestión de días.

    Más allá del escándalo sexual, es una novela sobre las barreras de clase y sobre la necesidad de tacto, de contacto real, en un mundo que se estaba mecanizando. El sexo era la excusa; el tema es la soledad.

    Rebelión en la granja, de George Orwell

    Aquí la censura no vino por moral, sino por política. Orwell terminó esta fábula sobre unos animales que derrocan al granjero para acabar montando otra tiranía en plena Segunda Guerra Mundial, cuando la Unión Soviética era aliada de Occidente. Varias editoriales la rechazaron por incómoda; T. S. Eliot, entonces en Faber, fue uno de los que dijo que no. Se publicó en 1945.

    Es un libro cortísimo que puedes leer en una tarde y que no se te va de la cabeza en años. Si te gusta, después casi obligatoriamente cae 1984. De hecho ya escribí sobre por qué esas distopías que deberías leer siguen tan vigentes.

    Lolita, de Vladimir Nabokov

    Ninguna editorial estadounidense quiso tocarla al principio. Nabokov acabó publicándola en París en 1955, y varios países la prohibieron durante años por su tema: la obsesión de un hombre adulto con una niña. Es, con diferencia, el libro más incómodo de esta lista, y con razón.

    Conviene decirlo claro, porque se malinterpreta mucho: Nabokov no justifica nada. Humbert Humbert es un narrador manipulador que intenta seducirte a ti, lector, con una prosa deslumbrante para que le perdones lo imperdonable. La grandeza del libro está justo ahí, en cómo te obliga a desconfiar de la belleza de las palabras. No es una lectura ligera, pero es una lección brutal sobre cómo funciona la voz de un narrador.

    Ulises, de James Joyce

    La cierro con la más ambiciosa. Ulises fue perseguida por obscenidad antes incluso de estar terminada: partes se publicaron por entregas en una revista y acabaron en un juicio en Estados Unidos. El libro completo salió en París en 1922, y no se pudo publicar legalmente en EE. UU. hasta 1934, tras una famosa sentencia que decidió que no era pornográfico.

    No te voy a engañar: es exigente. Un solo día en la vida de Leopold Bloom por Dublín contado con todos los trucos posibles del lenguaje. No hace falta que la termines a la primera. A mí me costó tres intentos. Pero hay capítulos que, una vez que entras, no se parecen a nada.

    Qué nos enseña que estos libros fueran prohibidos

    Si repasas la lista, hay un patrón. Casi ninguno fue prohibido por ser malo, sino por ser incómodo: porque contaba algo del sexo, del poder o de la moral que su época prefería no mirar de frente. El tiempo, que es un lector paciente, acabó dándoles la razón.

    Me gusta pensar en esto cuando alguien pide retirar un libro de una biblioteca o de un plan de estudios. La historia está llena de censores muy seguros de sí mismos que hoy nos parecen, en el mejor de los casos, ingenuos. Y está llena de libros que sobrevivieron a todos ellos.

    Así que mi recomendación, si te apetece un pequeño proyecto de lectura, es sencilla: elige uno de estos cinco, el que más te tire, y léelo sabiendo que en su día alguien no quería que lo hicieras. Se lee distinto. Y si te quedas con ganas de más rarezas literarias, tengo por aquí otras historias detrás de los libros que te van a gustar.

    ¿Cuál has leído ya? ¿Y cuál te da más pereza empezar? Cuéntamelo, que de eso va esto.

  • Saramago: por dónde empezar al Nobel portugués (en una semana entras)

    Saramago: por dónde empezar al Nobel portugués (en una semana entras)

    A José Saramago se entra con suspicacia y se sale con devoción. La razón está en su prosa: párrafos de tres páginas sin punto y aparte, diálogos sin guiones, mayúsculas solo donde otros las omiten, comas que separan a los hablantes en una conversación que parece un soliloquio. La primera página de cualquier libro suyo intimida.

    Pero pasa algo curioso. Después de quince páginas, esa prosa que parecía un muro se convierte en ritmo. Y a partir de ahí, Saramago se vuelve uno de los autores más adictivos en lengua portuguesa traducida al español. Premio Nobel en 1998. Murió en 2010. Su obra es una de las pocas del siglo XX que se sigue leyendo igual treinta años después.

    Te dejamos el orden recomendado para entrar sin estrellarte.

    Empieza por Ensayo sobre la ceguera (1995)

    El libro más famoso de Saramago. Una ciudad entera contrae una «ceguera blanca» sin causa aparente y la sociedad se desmorona en cuestión de días. Distopía absoluta, alegoría sobre la sociedad y experimento literario al mismo tiempo. La novela que más ha emocionado a sus lectores y la que más ha popularizado.

    Trescientas páginas. Una vez entras, no la sueltas. Adaptación cinematográfica de Fernando Meirelles si te interesa.

    Sigue con Las intermitencias de la muerte (2005)

    La premisa es perfecta: en un país, la muerte deja de funcionar. Nadie muere. Y eso, que parece bueno, se convierte en pesadilla logística y filosófica. Saramago vuelve a su mejor forma de fabular ideas. Es de las novelas más accesibles de su carrera tardía.

    El Evangelio según Jesucristo (1991)

    Probablemente la novela más polémica de Saramago. Una versión humana de la vida de Jesús, sin milagros divinos, llena de dudas, con un Dios que parece negociar con el demonio. El Vaticano se enfadó tanto que el gobierno conservador portugués retiró su nominación al Premio Aristeion europeo. Saramago se exilió a Lanzarote para siempre.

    La novela en sí es maravillosa, una de las mejores de su carrera. Pero requiere lector con cintura para temas religiosos.

    La balsa de piedra (1986)

    La Península Ibérica se separa físicamente del continente europeo y empieza a flotar a la deriva por el Atlántico. Saramago hace metáfora ibérica con humor, política y filosofía. Una de sus novelas más amenas.

    Memorial del convento (1982)

    Su novela mayor y más antigua. La construcción del monasterio de Mafra en el Portugal del siglo XVIII, mezclada con la historia de una pareja humilde que es la verdadera protagonista. Si te has acostumbrado a la prosa de Saramago, esta es la novela donde su voz alcanza su máxima madurez.

    Más exigente que las anteriores. Resérvala para cuando ya seas lector «de la casa».

    Los cuentos y los diarios

    Hay una faceta menos conocida: Saramago llevó un blog (sí, un blog) en los últimos años de su vida, recopilado en El cuaderno. Sus Cuadernos de Lanzarote son diarios literarios donde se ve al hombre detrás del autor. Si te interesa el Saramago humano, lectura imprescindible.

    Lo que puedes saltarte (al principio)

    • Levantado del suelo (1980): novela más realista, aún no plenamente saramaguiana.
    • Caín (2009): su última novela, sobre Caín revisitando el Antiguo Testamento. Buena, pero menor.
    • Manual de pintura y caligrafía (1977): de sus primeros experimentos. Histórico, sí. Recomendable como primera lectura, no.

    El orden para tres meses

    1. Ensayo sobre la ceguera (300 pp.)
    2. Las intermitencias de la muerte (220 pp.)
    3. La balsa de piedra (300 pp.)
    4. El Evangelio según Jesucristo (450 pp.) — ya con cintura
    5. Memorial del convento (350 pp.) — su novela mayor

    Cinco libros, tres meses si lees con calma. Vas a salir del otro lado con un autor incorporado al canon personal.

    Por qué leerlo

    Saramago hace una cosa que casi nadie hace: usa la fantasía y la fábula para hablar de política, ética y condición humana sin dejar de ser literatura del más alto nivel. No es escapismo. Es lo contrario. Y su prosa, una vez te acostumbras, es de las más reconocibles del último siglo en cualquier idioma.

  • Cortázar: por dónde empezar (Rayuela no es el sitio)

    Cortázar: por dónde empezar (Rayuela no es el sitio)

    Escritorio de madera junto a una ventana con un libro de cuentos abierto y una taza de mate, luz cálida de atardecer

    La primera vez que intenté leer Rayuela tenía diecinueve años y lo dejé en la página cuarenta con la sensación de ser tonto. No lo era. Simplemente había empezado por el sitio equivocado, que es exactamente lo que le pasa a casi todo el mundo con Cortázar. Alguien te dice que es un genio, te vas directo a su novela más famosa, te encuentras con un tablero de instrucciones y dos órdenes de lectura posibles, y decides que esto de la literatura argentina no es para ti.

    Así que si me preguntas Cortázar por dónde empezar, mi respuesta es tajante: no por Rayuela. Al menos, no todavía. Déjame contarte cómo lo haría yo si volviera a empezar de cero.

    Cortázar por dónde empezar: los cuentos, siempre los cuentos

    Cortázar es, ante todo, uno de los mejores cuentistas del siglo XX. Y lo bueno del cuento es que te dice enseguida si estás hecho para un autor o no. Media hora, un relato, y sabes si vas a seguir. Con una novela de cuatrocientas páginas esa apuesta es mucho más cara.

    Su primer libro de relatos de verdad, Bestiario (1951), ya contiene la semilla de todo lo que vino después: lo fantástico que se cuela en lo cotidiano sin pedir permiso. Pero yo no empezaría ni siquiera por ahí. Empezaría por un puñado de cuentos sueltos, los que enganchan a cualquiera.

    Los tres cuentos con los que engancharías a cualquiera

    • «Casa tomada». Dos hermanos que viven en una casa enorme y notan que, poco a poco, «algo» va ocupando las habitaciones. Nunca sabes qué es. Da igual. Es de esos cuentos que se te quedan pegados durante días y que admiten mil lecturas. Está en Bestiario.
    • «Continuidad de los parques». Apenas dos páginas. Un hombre lee una novela y la novela se lo come. Es el mejor ejemplo de lo que Cortázar hacía con la forma sin dejar de contarte una historia. Lo tienes en Final del juego (1956).
    • «La noche boca arriba». Un motorista tiene un accidente y, mientras se recupera en el hospital, sueña que huye de unos guerreros aztecas. O quizá es al revés. También en Final del juego.

    Si estos tres te gustan, ya eres lector de Cortázar y no lo sabías. Si no te dicen nada, no pasa nada: hay muchísimos escritores y la vida es corta.

    El siguiente paso: dos libros de cuentos enteros

    Enganchado ya con los relatos sueltos, toca leer un libro completo de principio a fin. Aquí tienes dos caminos y los dos son buenos.

    Final del juego es probablemente su colección más redonda. Cuentos como el que da título al libro, o «Axolotl» —donde un hombre se queda mirando a esas salamandras del acuario hasta que ocurre algo difícil de olvidar—, muestran a un Cortázar en pleno control de sus recursos.

    El otro camino es Las armas secretas (1959), que incluye «El perseguidor», su relato sobre un músico de jazz inspirado en Charlie Parker. Para mucha gente es el mejor cuento que escribió, y marca el momento en que a Cortázar empezaron a importarle menos los juegos fantásticos y más las personas. Si te gusta el jazz, empieza por aquí sin dudarlo.

    Historias de cronopios y de famas: el Cortázar juguetón

    Antes de meterte en cualquier novela, date el gusto de leer Historias de cronopios y de famas (1962). No es exactamente un libro de cuentos ni de ensayos: son textos breves, casi juegos, instrucciones absurdas para subir una escalera o para llorar, y esos personajes entrañables que son los cronopios (caóticos, poéticos) frente a los famas (rígidos, ordenados).

    Es Cortázar en pijama, riéndose, y sirve para entender que detrás del escritor «difícil» había un tipo con un sentido del humor enorme. Se lee en ratos sueltos y te deja de buen humor. Si vienes de leer clásicos más solemnes, este cambio de registro te va a sorprender; algo parecido comentaba en mi guía para empezar con Borges, el otro gran argentino con el que siempre lo emparejan.

    Y ahora sí: Rayuela

    Cuando ya has leído sus cuentos y le has cogido el tono, Rayuela (1963) deja de ser un muro y se convierte en lo que realmente es: un juego. La novela cuenta la historia de Horacio Oliveira entre París y Buenos Aires, su relación con la Maga, sus amigos del Club de la Serpiente, y todo lo hace con una libertad formal que en su momento fue una bomba.

    El famoso «tablero de dirección» del principio te propone dos maneras de leerla: del capítulo 1 al 56 de forma lineal, o saltando entre capítulos según un orden que el propio libro te indica. Mi consejo: la primera vez, léela del tirón, capítulo 1 al 56, y deja los «capítulos prescindibles» para una segunda vuelta. No te obsesiones con leerla «bien». No hay una forma correcta.

    Lo importante es que llegues a Rayuela queriendo estar ahí, no por obligación. Es una novela que premia al lector que ya confía en el autor, y esa confianza se construye con los cuentos.

    Un mapa rápido para no perderte

    • Para probar: «Casa tomada», «Continuidad de los parques» y «La noche boca arriba».
    • Primer libro entero: Final del juego o Las armas secretas.
    • Para reírte y respirar: Historias de cronopios y de famas.
    • La cima, cuando estés listo: Rayuela.

    A mí me habría ahorrado un par de años de prejuicios que alguien me hubiera dicho esto a los diecinueve. Cortázar no es difícil: es un autor que pide que le des cuerda poco a poco. Empieza por un cuento esta misma noche, a ver qué pasa. Si te ocurre lo que a mí, mañana querrás otro. Y si al final te enganchas del todo, quizá te apetezca seguir explorando otros grandes cuentistas latinoamericanos que juegan en la misma liga.

  • Leer EPUB en Android: mejores apps y ajustes

    Leer EPUB en Android: mejores apps y ajustes

    Móvil Android y un lector electrónico sobre una mesa de madera junto a una pila de libros, con luz cálida de lámpara

    Compré un libro en EPUB, lo abrí en el móvil y me lo escupió en la app de Google Play Libros con un tipo de letra minúsculo y los márgenes pegados al borde. Cerré la aplicación con la misma cara que ponéis vosotros ahora. Tardé un rato en entender que el problema no era el archivo ni el teléfono: era que estaba usando la app equivocada y no había tocado un solo ajuste. Desde entonces leo en el metro más que en el sofá, y os aseguro que la diferencia está en cuatro cosas muy tontas.

    Así que vamos a lo práctico. Si te has descargado un EPUB (de una biblioteca, de una tienda como Lektu o de la web del autor) y no sabes por dónde meterle mano, aquí tienes la ruta que a mí me funciona para leer EPUB en Android sin sufrir.

    Qué app instalar para leer EPUB en Android

    Android no trae un lector de EPUB decente de fábrica, y ese es el primer malentendido. Necesitas instalar algo. Estas son las tres que uso y recomiendo, por orden de a quién se lo daría:

    • Moon+ Reader: es mi favorita para leer del tirón. Ajustas todo (interlineado, márgenes, brillo, temas de color) y recuerda por dónde ibas en cada libro. La versión gratuita ya sirve; la Pro quita anuncios y añade estadísticas, pero no la necesitas para empezar.
    • Librera (antes Lirbi Reader): ligera, abre EPUB, PDF, MOBI y prácticamente cualquier formato que le eches. Perfecta si tienes una carpeta caótica de libros de mil sitios.
    • Google Play Libros: la que ya llevas. Sirve, y sincroniza entre el móvil y el ordenador, pero para importar tus propios EPUB es más torpe. La dejo como red de seguridad.

    Si solo vas a instalar una, instala Moon+ Reader y olvídate. El resto de esta guía asume esa, aunque los ajustes son parecidos en todas.

    Cómo abrir tu EPUB (el paso donde todos se atascan)

    Descargas el archivo y desaparece. Tranquilo, está en la carpeta Descargas del teléfono. Tienes dos maneras de abrirlo:

    • Abre la app de Archivos, entra en Descargas, toca el EPUB y elige «Abrir con» tu lector. La primera vez Android te pregunta con qué app; marca «Siempre» si quieres que sea la de por defecto.
    • O abre Moon+ Reader, pulsa en su explorador de archivos interno y navega hasta la carpeta. La app escanea y te lo añade a la estantería.

    Un consejo que me ahorró disgustos: crea una carpeta llamada Libros y mete ahí todos los EPUB. Cuando tengas veinte, agradecerás no tenerlos mezclados con facturas en PDF y memes.

    Los ajustes que cambian la experiencia de lectura

    Aquí está el verdadero secreto, y no cuesta ni dos minutos. Con el libro abierto, toca en el centro de la pantalla para sacar el menú y busca los ajustes. Estos son los que yo toco siempre:

    Tipografía y tamaño

    El tamaño de letra por defecto suele ser o gigante o diminuto. Súbelo o bájalo hasta que te entren unas cuarenta palabras por pantalla sin forzar la vista. Para la fuente, si lees mucho rato prueba una serif como Bitter o Literata: cansa menos que las de palo seco. Es una manía mía, pero la mayoría de lectores acaban dándome la razón.

    Interlineado y márgenes

    Este es el ajuste infravalorado. Sube un poco el interlineado (el espacio entre líneas) y mete margen a los lados. El texto deja de parecer un muro y de repente lees más rápido sin darte cuenta. Es lo primero que noté cuando dejé la app de serie.

    Tema oscuro y brillo nocturno

    Para leer de noche, activa el tema oscuro (fondo negro o sepia) y baja el brillo por debajo de lo que crees que necesitas. Moon+ Reader tiene un modo que además filtra el azul de la pantalla. Duermes mejor y no despiertas a quien tengas al lado con un faro en la cara.

    Pasar página y bloqueo de rotación

    Configura el gesto de pasar página como prefieras (toque en el lateral o deslizar) y bloquea la orientación en vertical. No hay nada más molesto que la pantalla girándose sola cuando lees tumbado.

    Un par de trucos extra

    Si el EPUB viene con una maquetación rara y los ajustes no lo arreglan, casi todas estas apps tienen un modo «flujo de texto» o «reflow» que ignora el diseño original y aplica el tuyo. Úsalo sin miedo.

    Y si te llega un archivo protegido con DRM (típico de algunas tiendas y de préstamos de biblioteca), no se abrirá directamente: necesitarás la app propia de esa plataforma. No es cosa tuya ni de la app, es el candado del vendedor.

    Con esto ya tienes montado un lector de bolsillo bastante mejor que muchos dispositivos de tinta electrónica de hace unos años. La ventaja del móvil es que siempre lo llevas encima, así que la excusa de «no tenía nada para leer» se acabó. Si además te apetece cuidar la vista y el descanso, échale un ojo a mi guía sobre leer de noche sin cansar la vista, que complementa bien lo del tema oscuro. Y si aún dudas entre móvil y un lector dedicado, te conté mi experiencia en móvil o e-reader para leer.

    Ahora dime tú: ¿en qué app lees y qué ajuste no perdonas? Que de eso aprendemos todos.

  • Cómo coger el hábito de leer cuando no tienes tiempo

    Cómo coger el hábito de leer cuando no tienes tiempo

    Un libro abierto sobre una manta de punto junto a una taza de café humeante a la luz cálida de la tarde

    Durante un año entero terminé exactamente dos libros. Dos. Y no era por falta de ganas: tenía la mesilla llena de tochos empezados, marcapáginas clavados en la página 40 como banderitas de derrota. Me repetía lo de siempre, que «no tengo tiempo», hasta que una tarde conté las horas que le echaba al móvil esa semana y me dio la risa nerviosa. No era tiempo lo que me faltaba. Era método. Así que si tú también andas buscando cómo coger el hábito de leer y siempre acabas culpándote, te cuento lo que a mí me sacó del pozo. Sin trucos milagrosos, sin apps de gamificación, sin leer 52 libros al año.

    El problema no es el tiempo, es cómo coger el hábito de leer sin épica

    La primera mentira que hay que desmontar es la del lector de las fotos: ese que devora 400 páginas un domingo con un té. Ese señor no existe, o existe muy de vez en cuando. La gente que lee mucho no lee en sesiones heroicas: lee en huecos. Diez minutos aquí, veinte antes de dormir, una página en la sala de espera del dentista.

    Cuando dejé de esperar «el momento perfecto para sentarme a leer» y empecé a robar minutos sueltos, todo cambió. El hábito no se construye con fuerza de voluntad los sábados, se construye con constancia los martes a las diez de la noche aunque estés reventado.

    Ocho pasos que a mí me funcionaron

    1. Baja el listón hasta que dé vergüenza

    Mi regla ahora es «una página». Solo una. Es un objetivo tan ridículamente pequeño que no tienes excusa para saltártelo, y casi siempre acabas leyendo más porque lo difícil es abrir el libro, no seguir. Los días malos, esa página cuenta igual. Rompes la cadena y estás perdido.

    2. Deja el libro donde tropieces con él

    Guardado en la estantería, un libro no se lee. Yo dejo el que estoy leyendo encima de la almohada por la mañana, para chocarme con él por la noche. Suena tonto, pero funciona: el entorno decide más que la motivación.

    3. Ancla la lectura a algo que ya haces

    El café de la mañana, el metro, los diez minutos antes de dormir. Engancha la lectura a un hábito que ya tienes clavado y deja de depender de acordarte. Yo leo mientras se hace el café: son cuatro minutos, pero son sagrados.

    4. Ten permiso para abandonar un libro

    Esto me costó años. Terminar un libro que te aburre no te hace mejor lector, te hace un lector que asocia leer con obligación. Si a las 50 páginas no te ha cogido, déjalo sin culpa y coge otro. La vida es corta y hay demasiados libros buenos.

    5. Elige bien la puerta de entrada

    Si llevas años sin leer, no empieces por el ladrillo ruso que tienes pendiente desde la carrera. Empieza por algo que se lea solo. A mí me reenganchó El nombre del viento, de Patrick Rothfuss: 700 páginas que se pasan volando. Si prefieres algo más breve, La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón cumple igual de bien. El objetivo de tu primer libro no es cultivarte, es recordarte que leer engancha.

    6. Ten siempre el siguiente esperando

    El bajón llega el día que terminas un libro y no sabes qué leer después. Ese hueco de dos semanas mata el hábito. Ten el siguiente ya elegido, o mejor, ya en la mesilla, para pasar de página sin frenar.

    7. El audiolibro también es leer

    Aquí soy inflexible: escuchar un libro fregando los platos o conduciendo cuenta. Nadie te va a dar un premio por hacerlo «de verdad» con los ojos. Si el tiempo aprieta, el audiolibro es la forma más honesta de meter más historias en tu semana.

    8. Apunta lo que lees, no cuánto

    Llevo una libretita donde anoto el título y una frase de lo que me dejó cada libro. No cuento páginas ni compito conmigo mismo. Ver la lista crecer motiva más que cualquier reto de «X libros al año», que a mí solo me generaba ansiedad.

    Lo que no funciona (y me lo vendieron mucho)

    Los retos de lectura tipo «un libro por semana» a mí me hundieron: convertían un placer en una tarea con fecha de entrega. Tampoco funcionan las listas de «100 libros que hay que leer antes de morir»: te miran desde arriba y te hacen sentir en deuda. Lee lo que te apetece, aunque sea la tercera novela negra del mes o un cómic. El hábito primero, el criterio después.

    Y ojo con confundir comprar libros con leerlos. Yo tenía una pila de compras impulsivas que solo servían para recordarme lo poco que leía. Si quieres afinar qué meter en esa pila sin que se te acumule, te conté cómo elegir qué libro leer sin agobiarte con las mil opciones de siempre.

    El truco de fondo: dejar de sentirte culpable

    Al final, coger el hábito de leer va menos de técnica y más de quitarte de encima la culpa. La culpa de no leer «los clásicos», la de ir lento, la de abandonar, la de leer cosas «menores». Todo eso te aleja del libro. El día que empecé a leer por gusto y no por deber, dejé de contar cuánto tiempo tenía y empecé a encontrarlo.

    Si andas volviendo a la lectura después de una temporada seca, quizá te venga bien mi lista de libros cortos para volver a leer: nada intimida menos que un libro que se termina en dos tardes y te devuelve las ganas.

    Empieza esta noche. Una página. En serio, solo una. Nos leemos.

  • Javier Marías: por dónde empezar y por qué cuesta tanto al principio

    Javier Marías: por dónde empezar y por qué cuesta tanto al principio

    Javier Marías es probablemente el escritor en español más singular de las últimas décadas. Premio Nacional de Narrativa, Premio Príncipe de Asturias, miembro de la Real Academia Española, traducido a más de cincuenta idiomas. Y aun así, en España, todos los lectores serios coinciden en lo mismo: hay que estar preparado para Marías.

    Su prosa exige. Sus frases ocupan páginas. Sus narradores divagan, vuelven sobre sí mismos, dudan, se contradicen. Si llegas a Marías esperando una trama trepidante, te vas a llevar un chasco. Pero si llegas buscando lo que muy pocos autores han hecho con la lengua española en cincuenta años, encuentras el oro.

    Falleció en 2022. Su obra completa ya es legado.

    Empieza por Corazón tan blanco (1992)

    La novela mejor calibrada para entrar a Marías. La famosa primera frase es legendaria: «No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y hacía poco que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre».

    Trescientas páginas. Te enganchan o no te enganchan. Si te enganchan, eres lector de Marías para el resto de tu vida.

    Si te ha gustado, sigue con Mañana en la batalla piensa en mí (1994)

    La continuidad lógica. Otra novela de un narrador que se descubre testigo accidental de algo importante: la muerte de una mujer en su cama mientras él apenas la conoce desde hace unas horas. Lo que sigue es el típico viaje de Marías por las consecuencias éticas de saber algo que nadie sabe.

    Todas las almas (1989)

    La primera de las «novelas oxonienses». Un profesor español en Oxford observa la vida académica con humor britanizado. Más accesible que las otras, más corta. Buen segundo libro si Corazón tan blanco te ha parecido bien pero quieres algo menos denso.

    La trilogía mayor: Tu rostro mañana (2002-2007)

    Tres volúmenes: Fiebre y lanza, Baile y sueño, Veneno y sombra y adiós. Más de mil quinientas páginas en total. Es la obra mayor de Marías, la más ambiciosa, la más exigente, la que más recompensa.

    Un español en Londres trabaja para los servicios secretos británicos interpretando a personas según sus gestos y palabras. Esa es la trama. Lo que importa es todo lo que la rodea: el siglo XX europeo, la traición, la guerra civil española, la espera de la muerte, la imposibilidad de conocer al otro.

    No es para empezar. Es para llegar tras un par de novelas suyas.

    Berta Isla (2017) y Tomás Nevinson (2021)

    Sus dos últimas novelas grandes. Vuelve a personajes del universo de Tu rostro mañana. Berta Isla es la mujer del agente. Tomás Nevinson es el agente. Las dos novelas son la otra cara de la misma historia. Funcionan independientemente, pero leídas juntas son una experiencia mayor.

    Lo que puedes saltarte

    • Sus primeras novelas anteriores a 1989 (Los dominios del lobo, Travesía del horizonte, El siglo, El monarca del tiempo). No son malas pero no son representativas. Sáltatelas si entras a Marías sin un compromiso completo con su obra.
    • Negra espalda del tiempo (1998). Es de las menos ortodoxas: novela de no ficción, ensayo, metaficción. Para gente ya de la casa.

    Sus cuentos y artículos

    Marías escribió cuentos y muchísimos artículos periodísticos. Si quieres ver la otra cara, Cuando fui mortal y la antología Mientras ellas duermen son los puntos de entrada. Y su columna semanal en El País Semanal durante décadas (La zona fantasma) es uno de los corpus periodísticos más amenos del último cuarto de siglo en España.

    Cómo leer a Marías sin desesperarse

    Tres consejos prácticos:

    1. No leas con prisa. Marías premia al lector lento. Si vas a 300 páginas por noche, lo vas a perder casi todo.
    2. Acepta las divagaciones. Cuando el narrador se pone a reflexionar durante diez páginas sobre cómo es un gesto, no estás leyendo relleno: estás leyendo lo importante.
    3. Lee en voz alta los primeros párrafos. El ritmo de Marías es musical. Si lo lees solo con la vista, te pierdes la mitad. Léelo como si fuera un texto que está hablando.

    Por qué importa

    Marías era nuestro Henry James, nuestro Faulkner. No comparable a ningún otro español contemporáneo. Su literatura es densa, exigente y, para quienes entran en ella, profundamente adictiva. Quien aprende a leerlo no vuelve a leer otra prosa de la misma forma.

    Y eso, en literatura, es la mayor recompensa posible.

  • Mejores novelas históricas en español: 10 que enganchan

    Mejores novelas históricas en español: 10 que enganchan

    Mesa de biblioteca con pila de novelas históricas y lámpara de latón encendida

    Hay un momento, cuando lees buena novela histórica, en que se te olvida que aquello pasó de verdad. Te importa un personaje que llevaba muerto cuatrocientos años como si fuera tu vecino. A mí me pasó con el capitán Alatriste en un tren a Valencia: perdí la parada. Así que si andas buscando las mejores novelas históricas en español y quieres que te enganchen de la primera página, aquí tienes mi lista honesta. Diez títulos que he leído, con sus manías y sus virtudes.

    No están por orden de calidad, sino por lo fácil que es caer dentro. Empieza por donde te llame más.

    Para entrar sin esfuerzo

    1. «El capitán Alatriste», de Arturo Pérez-Reverte

    El Madrid de los Austrias, un espadachín cansado y una prosa que corta como el acero. Es la puerta de entrada perfecta: capítulos cortos, acción y ese olor a taberna y a callejón sin salida. Empiezas por esta y acabas devorando toda la serie sin darte cuenta.

    2. «La catedral del mar», de Ildefonso Falcones

    Barcelona, siglo XIV, y la construcción de Santa María del Mar como telón de fondo de la vida de Arnau, un chico que sube desde lo más bajo. Es un ladrillo generoso, sí, pero de esos que se leen en un fin de semana porque no puedes parar. Gremios, peste, amor y venganza. Un clásico moderno del género.

    3. «Dime quién soy», de Julia Navarro

    Casi mil páginas siguiendo a Amelia Garayoa por el siglo XX europeo: la Guerra Civil, el nazismo, la Guerra Fría. Suena a mucho, pero Navarro lo lleva con pulso de folletín en el mejor sentido. Es la típica novela que empiezas «solo un rato» y terminas a las tres de la mañana.

    Cuando quieres Historia con mayúsculas

    4. «Yo, Julia», de Santiago Posteguillo

    Ganadora del Premio Planeta 2018. Cuenta la lucha por el trono de Roma a través de Julia Domna, una mujer que mueve los hilos del imperio. Posteguillo es un fanático de la documentación y se nota: sales sabiendo más y sin sentir que te han dado una clase. Si Roma te tira, esta es tu casa.

    5. «El manuscrito carmesí», de Antonio Gala

    Premio Planeta 1990. Son las memorias imaginadas de Boabdil, el último rey nazarí de Granada, el que perdió la ciudad en 1492. La prosa de Gala es más lenta y sensual, muy trabajada. No es para tener prisa, es para saborearla. La melancolía de un mundo que se acaba pocas veces se ha contado tan bien.

    6. «Trafalgar», de Benito Pérez Galdós

    El primero de los Episodios Nacionales, y una manera estupenda de comprobar que lo clásico no significa aburrido. Un grumete cuenta la batalla de 1805 desde dentro. Es breve, vibrante y sorprendentemente ágil para tener siglo y medio. Si te da respeto Galdós, empieza justo por aquí.

    Historias con nombre de mujer al frente

    7. «Inés del alma mía», de Isabel Allende

    La conquista de Chile contada por Inés Suárez, una extremeña que cruza el océano y acaba fundando ciudades espada en mano. Allende le da voz en primera persona y el resultado es puro fuego. Aventura real, poco conocida y con una protagonista que no pide permiso a nadie.

    8. «Inés y la alegría», de Almudena Grandes

    El arranque de su ciclo Episodios de una guerra interminable, sobre la invasión guerrillera del valle de Arán en 1944. Grandes mezcla personajes inventados con hechos documentados y consigue que la posguerra española te duela y te emocione a la vez. Si quieres seguir por esta época, tengo una lista aparte con las mejores novelas sobre la Guerra Civil española.

    Para lectores que ya van sobrados

    9. «Soldados de Salamina», de Javier Cercas

    Aquí hago trampa a medias: es novela histórica y a la vez reflexión sobre cómo se cuenta la Historia. Cercas investiga un fusilamiento fallido al final de la Guerra Civil y termina hablando de heroísmo y memoria. Es corta, lista y te deja pensando días. Ideal si el género de aventuras se te empieza a quedar corto.

    10. «Tierra firme», de Matilde Asensi

    Caribe, siglo XVII, piratas y una protagonista que se hace pasar por hombre para sobrevivir. Asensi domina el ritmo como pocas y esta es aventura marina de la buena, con mapas, tesoros y traiciones. Perfecta para cerrar la lista con sabor a sal y pólvora.

    Mi consejo final sobre estas novelas históricas en español

    Si me obligas a elegir una para empezar hoy mismo, te mando a Alatriste por lo rápido que engancha, o a «Yo, Julia» si prefieres perderte en Roma. Y si lo tuyo es que un libro te sacuda de verdad, ve a por Cercas o Almudena Grandes.

    No hace falta que las leas todas ni en este orden. La gracia de la novela histórica es esa: elegir una época que te dé curiosidad y dejar que un buen autor te lleve. Si después de esta quieres seguir tirando del hilo, échale un ojo a mis novelas que enganchan desde la primera página. Nos leemos en los comentarios: cuéntame cuál has caído primero.

  • «El último ultramar»: Mariame, la ingeniera que cataloga la muerte (y una lección de cómo se construye un personaje)

    «El último ultramar»: Mariame, la ingeniera que cataloga la muerte (y una lección de cómo se construye un personaje)

    Cápsulas de hibernación iluminadas en el anillo oscuro de una nave espacial

    Hay personajes que ocupan una novela entera y se te olvidan al cerrarla. Y hay personajes que aparecen casi en un solo capítulo y se te quedan viviendo dentro durante semanas. Mariame Ndoye es de los segundos. La conocí leyendo «El último ultramar», de Helena Wagner, y llevo días pensando en ella. Quiero contarte por qué, porque su personaje es una pequeña lección de cómo se hace esto de crear gente de mentira que parece de verdad.

    Aviso: voy a hablar de cómo está construida, no de lo que pasa. Nada de destripar la trama. Lo que hace Wagner con esta mujer se puede admirar sin estropearle a nadie el viaje.

    Fan art de Mariame Ndoye, ingeniera senegalesa de soporte vital, con un café en la mano en el pasillo de una nave
    Mariame Ndoye, según la imaginé al leerla. Fan art basado en «El último ultramar», de Helena Wagner.

    Una ingeniera que solo sabe querer catalogando desastres

    Mariame es ingeniera de sistemas de soporte vital: su trabajo es diseñar las máquinas que mantendrán viva a la gente durante un viaje de casi mil quinientos años. Franco-senegalesa, nacida en Dakar, criada en Lyon, con un español de acento imposible de ubicar y la costumbre de soltar, cuando se enfada, algún insulto técnico en wolof. Hasta aquí, una ficha. Lo que la convierte en persona es lo que hace con el miedo.

    Porque Mariame tiene una lista de diecisiete formas de morir dentro de una cápsula de hibernación. Y —este es el detalle que la retrata entera— las ordena «por elegancia, no por probabilidad. La probabilidad es aburrida; la elegancia no». Su favorita es la número doce, un fallo silencioso en el que los dos sistemas de seguridad, fabricados por el mismo proveedor el mismo día, mueren a la vez sin dar una sola alarma. La llama elegante porque «es una traición: el sistema te mata usando exactamente lo que pusiste para salvarte».

    Aquí está la maestría. Wagner nunca escribe la frase «Mariame es una madre aterrorizada que quiere a la gente y no sabe decirlo». No hace falta. Te enseña a una mujer nombrando catástrofes con humor negro y precisión de relojera, y tú entiendes solo, sin que te lo expliquen, que cada muerte de esa lista es una persona a la que ella ha prometido despertar. Catalogar el desastre es su forma de querer. Es «show, don’t tell» llevado al hueso.

    Una voz que no se parece a ninguna otra

    Si tapas los nombres en un buen libro, deberías saber quién habla solo por cómo habla. A Mariame la reconoces a la primera. Bautiza sus muertes como quien pone mote a los vecinos: a la número quince la llama «la francesa», «porque llega sin avisar, se porta con educación y nadie se entera hasta que ya es demasiado tarde». A la número tres, la del reloj interno que se desajusta un pelo cada día hasta equivocarse de siglo, la llama «la impuntual».

    Y de vez en cuando suelta una frase que te obliga a parar y subrayar. La mía, la que apunté: «Una cosa que has nombrado deja de poder cogerte por la espalda». Ahí tienes, en doce palabras, la explicación de por qué esta mujer se pasa el día hablando de la muerte. No es morbo. Es conjuro. Es la manera que ha encontrado de que el miedo no la ataque por detrás. Un personaje con una filosofía propia, coherente, que explica todo lo que hace: eso no se improvisa.

    «Los hijos son flechas. Tú eres el arco»

    Sin contar nada que no debas saber antes de tiempo, sí te digo dónde está el corazón del personaje. Mariame tiene hijos, y en el mundo de esta novela son los pequeños quienes hacen el viaje, no los adultos. A ella le toca quedarse. Cuando el protagonista le pregunta cómo lo lleva, no se derrumba ni da un discurso. Contesta con lo que le decía su abuela en Dakar:

    «Los hijos son flechas. Tú no viajas con la flecha. Tú eres el arco. El arco se queda vibrando, pero se queda.»

    Se me hizo un nudo. Porque en esa imagen está toda ella y está, de paso, uno de los grandes temas del libro: los que lanzan y no verán llegar. Wagner le da al personaje una metáfora que le pertenece —viene de su abuela, de su tierra, no es un adorno del narrador— y con ella resume una vida entera. Eso es construcción de personaje del bueno: darle a cada uno no solo una voz, sino un mundo del que esa voz procede.

    Por qué esto está tan bien hecho

    Resumo lo que aprendí releyéndola, por si escribes o simplemente disfrutas fijándote en cómo están hechas las cosas:

    • Se muestra, no se explica. Sabemos que ama por cómo cataloga la muerte, no porque nadie nos lo diga.
    • Tiene una voz inconfundible. El humor, la precisión, los motes: la reconocerías con los ojos cerrados.
    • Su carácter nace de su origen. Dakar, Lyon, el wolof, la abuela y las flechas no son relleno: son de dónde sale su manera de mirar el mundo.
    • Encarna un tema. No es solo simpática; es la idea del arco y la flecha hecha persona.
    • Cunde poco espacio y deja mucha huella. No necesita media novela para quedarse contigo.

    Y lo mejor es que Mariame no es un caso aislado. Es solo el ejemplo que a mí más me tocó, pero el libro está lleno de gente así de viva: hay una inteligencia artificial con una honestidad que desarma, hay niños que piensan más claro que los adultos, hay una señora de hotel que dice más con un silencio que otros con un párrafo. Cuando una novela cuida así a sus personajes secundarios, sabes que estás en buenas manos.

    Si quieres conocer a Mariame —y al resto— por ti mismo, «El último ultramar» está disponible en Amazon. Y si te apetece leer antes de qué va todo esto sin destripes, te dejé mis impresiones en esta reseña de la novela.

    Yo, por mi parte, sigo pensando en el arco que se queda vibrando. Buena señal: los personajes que de verdad están bien construidos no se bajan del libro cuando lo cierras.

  • Borges: cómo leer su obra sin agobiarte (una ruta para empezar)

    Borges: cómo leer su obra sin agobiarte (una ruta para empezar)

    Biblioteca laberíntica con un libro abierto sobre una mesa, evocando el universo de Borges

    Borges asusta antes de leerlo. Tiene fama de difícil, de erudito, de escritor para gente que cita a filósofos en las cenas. Y es una pena, porque en cuanto entras te das cuenta de que es justo lo contrario: cuentos cortos, precisos, con una idea que te da vueltas en la cabeza durante días. El truco no es «ser muy listo». El truco es empezar por donde toca. Te propongo una ruta.

    Primero, quítate un peso de encima: Borges casi no escribió novelas

    Esto tranquiliza a mucha gente. No hay un tocho de 600 páginas esperándote. Borges fue, sobre todo, un maestro del cuento y del ensayo breve. Sus obras clave son colecciones de relatos de pocas páginas cada uno. Puedes leer uno en el metro y pasarte el resto del día pensándolo. Esa es la experiencia Borges, y por eso es un autor perfecto para leer a ratos.

    Empieza aquí: «Ficciones» (1944)

    Si solo vas a hacerme caso en una cosa, que sea esta: empieza por «Ficciones». Es su libro más famoso y, no por casualidad, el mejor sitio para entrar. Dentro encontrarás los cuentos que lo hicieron leyenda:

    • «La biblioteca de Babel»: el universo entero imaginado como una biblioteca infinita. Puro vértigo.
    • «El jardín de senderos que se bifurcan»: un relato de espías que esconde una idea sobre el tiempo que se te queda dentro.
    • «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius»: un mundo inventado que empieza a colarse en el real. Suena raro; es fascinante.

    No te obligues a leerlos en orden ni de un tirón. Lee uno, respira, deja que haga efecto. Borges no se devora, se saborea.

    Luego: «El Aleph» (1949)

    Cuando «Ficciones» te haya conquistado, el siguiente paso natural es «El Aleph». Más de lo bueno: el cuento que da título al libro imagina un punto del espacio que contiene todos los demás puntos del universo a la vez. Si «Ficciones» te abrió la puerta, «El Aleph» te confirma que quieres quedarte.

    Después, si quieres seguir

    Aquí ya vas sobre seguro y puedes elegir según tu ánimo:

    • Sus ensayos («Otras inquisiciones»): Borges hablando de libros, de autores y de ideas, con esa mezcla de erudición y humor socarrón. Se leen como cuentos.
    • Su poesía: más accesible de lo que la gente cree, y muy emocionante en su etapa final, cuando ya estaba ciego y escribía casi de memoria.

    Dos consejos de lector para no rendirte

    Uno: no busques «entenderlo todo» a la primera. Con Borges, la sensación de que algo se te escapa es parte de la gracia. Vuelves al cuento dentro de un año y ves cosas nuevas.

    Dos: ten el móvil a mano, pero no para distraerte. Borges suelta nombres y referencias como quien no quiere la cosa; buscar una de vez en cuando abre puertas curiosísimas. Otras, simplemente se las está inventando, que también es muy suyo.

    Borges es una de las cumbres de la literatura en español, y no está solo: si te engancha, tienes toda una tradición esperándote. Empieza por el Boom latinoamericano y por la literatura latinoamericana contemporánea; y si te apetece otra puerta de entrada al continente, la de García Márquez es de las mejores. Pero empieza por «Ficciones». En serio. Ábrelo esta noche.