Literatura latinoamericana contemporánea: por dónde entrar al nuevo boom

Si te dijeron en el colegio que la literatura latinoamericana terminaba con el Boom de los años 60 (García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Fuentes, Donoso), tienes un hueco enorme por rellenar. Lo que ha pasado en Latinoamérica desde los 2000 es uno de los renaceres literarios más importantes del idioma español, y la mayoría de lectores españoles lo descubren tarde.

Esta es una guía rápida, autor por autor, para entrar a la literatura latinoamericana contemporánea sin perderte en la inmensidad.

Argentina

Mariana Enríquez

Probablemente la voz más leída fuera de Argentina. Mezcla terror, gótico latinoamericano y crónica social. Empieza por sus cuentos: Los peligros de fumar en la cama o Las cosas que perdimos en el fuego. Si te enganchan, Nuestra parte de noche es la novela total.

Samanta Schweblin

Especialista en lo inquietante. Distancia de rescate (corta, perfecta, devastadora) y Kentukis son las dos puertas de entrada. Adaptada al cine.

Selva Almada

Narradora del litoral argentino. El viento que arrasa y Ladrilleros funcionan como introducción a una prosa contenida y muy física.

Pedro Mairal

Más accesible. La uruguaya es la novela perfecta para empezar: 130 páginas, humor, fracaso, una historia que parece simple y no lo es.

César Aira

Prolífico, raro, irrepetible. Más de cien novelas cortas, casi todas alrededor de 100 páginas. Empieza por Cómo me hice monja o El congreso de literatura.

México

Valeria Luiselli

Vive entre México y Nueva York. Los ingrávidos y Desierto sonoro la consagraron internacionalmente. Combina ensayo y novela con elegancia.

Fernanda Melchor

Temporada de huracanes es una novela compacta, brutal, donde una sola frase puede ocupar tres páginas. Sobre la violencia contra las mujeres en el México rural. No para todos.

Yuri Herrera

Señales que precederán al fin del mundo es una novela corta sobre la frontera norte que Roberto Bolaño habría adorado.

Juan Pablo Villalobos

Humor seco y absurdo. Fiesta en la madriguera (un niño que vive en la mansión de su padre narco) es la entrada perfecta.

Chile

Alejandro Zambra

La voz del Chile postdictadura. Formas de volver a casa y Mis documentos son perfectos primeros encuentros. Prosa transparente, melancolía controlada.

Alia Trabucco Zerán

La resta (sobre la dictadura desde la mirada de los hijos) y Limpia (sobre las desigualdades sociales chilenas a través de una empleada doméstica). Finalista del Booker International.

Colombia

Juan Gabriel Vásquez

Heredero declarado de Vargas Llosa, escritor de novelas históricas serias. El ruido de las cosas al caer o La forma de las ruinas son su mejor cara.

Margarita García Robayo

Caribe colombiano, prosa elegante. Tiempo muerto y Lo que no aprendí son entradas perfectas.

Cuba

Leonardo Padura

Ya lo mencionamos al hablar de negra en español. Pero también hay que recordar El hombre que amaba a los perros (sobre Trotsky en México) como una de las novelas mayores en español de este siglo.

Perú, Bolivia, Ecuador, República Dominicana

Mónica Ojeda (Ecuador)

Mandíbula es lo más perturbador que ha aparecido en años. No se lee, te muerde.

Liliana Colanzi (Bolivia)

Especialista del cuento breve fantástico. Nuestro mundo muerto es la mejor entrada.

Rita Indiana (R. Dominicana)

Mezcla de música, drogas, vudú y crítica social. La mucama de Omicunlé es una novela corta y eléctrica.

Junot Díaz (R. Dominicana / EEUU)

Aunque escribe en inglés y vive en Estados Unidos, su voz es dominicana. La maravillosa vida breve de Óscar Wao sigue siendo imprescindible.

Por dónde empezar (si solo lees tres)

Si solo tienes tiempo para tres libros, nuestra recomendación: Distancia de rescate (Schweblin), La uruguaya (Mairal), Temporada de huracanes (Melchor). Tres apuestas distintas, tres países, tres formas de leer. Después, sigue por el autor que más te haya tocado.

La literatura latinoamericana contemporánea no se parece al Boom. No quiere serlo. Lo ha superado en muchos sentidos: más diversa, más feminista, más urbana, más fragmentada. Es exactamente lo que cabe esperar de una región que ha vivido cuarenta años más de historia.

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