Javier Marías es probablemente el escritor en español más singular de las últimas décadas. Premio Nacional de Narrativa, Premio Príncipe de Asturias, miembro de la Real Academia Española, traducido a más de cincuenta idiomas. Y aun así, en España, todos los lectores serios coinciden en lo mismo: hay que estar preparado para Marías.
Su prosa exige. Sus frases ocupan páginas. Sus narradores divagan, vuelven sobre sí mismos, dudan, se contradicen. Si llegas a Marías esperando una trama trepidante, te vas a llevar un chasco. Pero si llegas buscando lo que muy pocos autores han hecho con la lengua española en cincuenta años, encuentras el oro.
Falleció en 2022. Su obra completa ya es legado.
Empieza por Corazón tan blanco (1992)
La novela mejor calibrada para entrar a Marías. La famosa primera frase es legendaria: «No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y hacía poco que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre».
Trescientas páginas. Te enganchan o no te enganchan. Si te enganchan, eres lector de Marías para el resto de tu vida.
Si te ha gustado, sigue con Mañana en la batalla piensa en mí (1994)
La continuidad lógica. Otra novela de un narrador que se descubre testigo accidental de algo importante: la muerte de una mujer en su cama mientras él apenas la conoce desde hace unas horas. Lo que sigue es el típico viaje de Marías por las consecuencias éticas de saber algo que nadie sabe.
Todas las almas (1989)
La primera de las «novelas oxonienses». Un profesor español en Oxford observa la vida académica con humor britanizado. Más accesible que las otras, más corta. Buen segundo libro si Corazón tan blanco te ha parecido bien pero quieres algo menos denso.
La trilogía mayor: Tu rostro mañana (2002-2007)
Tres volúmenes: Fiebre y lanza, Baile y sueño, Veneno y sombra y adiós. Más de mil quinientas páginas en total. Es la obra mayor de Marías, la más ambiciosa, la más exigente, la que más recompensa.
Un español en Londres trabaja para los servicios secretos británicos interpretando a personas según sus gestos y palabras. Esa es la trama. Lo que importa es todo lo que la rodea: el siglo XX europeo, la traición, la guerra civil española, la espera de la muerte, la imposibilidad de conocer al otro.
No es para empezar. Es para llegar tras un par de novelas suyas.
Berta Isla (2017) y Tomás Nevinson (2021)
Sus dos últimas novelas grandes. Vuelve a personajes del universo de Tu rostro mañana. Berta Isla es la mujer del agente. Tomás Nevinson es el agente. Las dos novelas son la otra cara de la misma historia. Funcionan independientemente, pero leídas juntas son una experiencia mayor.
Lo que puedes saltarte
- Sus primeras novelas anteriores a 1989 (Los dominios del lobo, Travesía del horizonte, El siglo, El monarca del tiempo). No son malas pero no son representativas. Sáltatelas si entras a Marías sin un compromiso completo con su obra.
- Negra espalda del tiempo (1998). Es de las menos ortodoxas: novela de no ficción, ensayo, metaficción. Para gente ya de la casa.
Sus cuentos y artículos
Marías escribió cuentos y muchísimos artículos periodísticos. Si quieres ver la otra cara, Cuando fui mortal y la antología Mientras ellas duermen son los puntos de entrada. Y su columna semanal en El País Semanal durante décadas (La zona fantasma) es uno de los corpus periodísticos más amenos del último cuarto de siglo en España.
Cómo leer a Marías sin desesperarse
Tres consejos prácticos:
- No leas con prisa. Marías premia al lector lento. Si vas a 300 páginas por noche, lo vas a perder casi todo.
- Acepta las divagaciones. Cuando el narrador se pone a reflexionar durante diez páginas sobre cómo es un gesto, no estás leyendo relleno: estás leyendo lo importante.
- Lee en voz alta los primeros párrafos. El ritmo de Marías es musical. Si lo lees solo con la vista, te pierdes la mitad. Léelo como si fuera un texto que está hablando.
Por qué importa
Marías era nuestro Henry James, nuestro Faulkner. No comparable a ningún otro español contemporáneo. Su literatura es densa, exigente y, para quienes entran en ella, profundamente adictiva. Quien aprende a leerlo no vuelve a leer otra prosa de la misma forma.
Y eso, en literatura, es la mayor recompensa posible.

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