Categoría: Libros

  • Leer EPUB en iPhone: guía paso a paso (sin pelearte con el móvil)

    Leer EPUB en iPhone: guía paso a paso (sin pelearte con el móvil)

    Persona leyendo un ebook en EPUB en un iPhone junto a una taza de café

    Tengo un amigo que compra ebooks sueltos por internet, se los descarga en EPUB y luego los deja criando polvo en una carpeta del ordenador porque «en el móvil eso no se abre». Y no, no es verdad. En el iPhone se leen EPUB perfectamente, gratis y sin apps raras. El problema casi nunca es el formato: es que nadie te ha contado los dos minutos de trámite. Vamos con ello.

    La buena noticia: el iPhone ya trae lector de EPUB

    Apple incluye la app Libros (Apple Books) preinstalada, y abre EPUB de forma nativa. No tienes que instalar nada. Si borraste la app en algún arrebato de limpieza, la recuperas gratis desde la App Store. Con eso solo, ya puedes leer casi cualquier EPUB que no tenga DRM.

    Cómo meter el EPUB en el iPhone

    Aquí está el 90 % de la confusión. Tienes varias vías, de la más cómoda a la más manual:

    Opción 1: AirDrop (si vienes de un Mac)

    Clic derecho sobre el archivo → Compartir → AirDrop → tu iPhone. El teléfono te preguntará con qué app abrirlo: eliges Libros y listo. Es lo más rápido si estás en el ecosistema Apple.

    Opción 2: el correo de toda la vida

    Te envías el EPUB a ti mismo como adjunto, abres el correo en el iPhone, tocas el archivo y le das a «Copiar en Libros». Funciona desde cualquier ordenador, sea Mac o Windows.

    Opción 3: la app Archivos + tu nube

    Sube el EPUB a iCloud Drive, Google Drive o Dropbox, ábrelo desde la app Archivos del iPhone y compártelo a Libros. Esta es mi favorita cuando tengo muchos libros: los dejo en la nube y voy tirando de ellos según me apetece.

    Si estos EPUB los sacas de algún sitio y aún andas verde con el formato, te vendrá bien pasarte antes por qué es exactamente un EPUB y por qué importa.

    ¿Y si prefiero otra app que no sea Libros?

    Libros cumple, pero no es la única. Si eres de los que ajusta tipografía, márgenes e interlineado hasta dejarlo a tu gusto, hay apps con más chicha: Yomu, KyBook o Google Play Libros (que además te sincroniza la lectura entre el móvil y el ordenador). Cada una tiene su gracia, y las repaso con calma en la guía de las mejores apps para leer EPUB.

    Un aviso para despistados: la app de Kindle en el iPhone no abre EPUB directamente. Kindle tira de su propio formato. Si tu plan es leer en el ecosistema Kindle, el camino es otro y te lo cuento en cómo enviar un EPUB a tu Kindle.

    Cuatro ajustes que te cambian la lectura

    • Modo noche: fondo oscuro y letra clara para leer de madrugada sin fundirte las retinas.
    • Tipografía y tamaño: súbelo sin vergüenza. No estás demostrando nada a nadie; estás leyendo cómodo.
    • Brillo automático: déjalo activado. La vista lo agradece más que cualquier ajuste raro.
    • Bloqueo de rotación: si lees tumbado, activa el bloqueo vertical para que la pantalla no baile.

    Si un EPUB no se abre

    Suele ser por una de dos cosas. O el archivo tiene DRM (protección anticopia de la tienda donde lo compraste), y entonces tienes que leerlo en la app de esa tienda; o el archivo está corrupto y toca volver a descargarlo. No es culpa del iPhone: es el libro, no el mensajero.

    Y ya está. Dos minutos de trámite la primera vez y luego a olvidarte: el iPhone que llevas en el bolsillo es un lector de ebooks perfectamente capaz. Ese amigo mío todavía no lo sabe. Tú sí.

  • García Márquez: por dónde empezar (y por dónde no)

    García Márquez: por dónde empezar (y por dónde no)

    Si tienes a García Márquez pendiente y no lo has abordado por respeto reverencial, te diré algo que igual te alivia: empezar por Cien años de soledad es exactamente lo que no deberías hacer. No porque la novela sea mala (es probablemente la mejor escrita en español en cincuenta años) sino porque su densidad asusta a lectores que no han leído nada suyo antes y que terminan dejándola en la página cincuenta.

    Hay un orden mejor.

    Empieza por Crónica de una muerte anunciada (1981)

    130 páginas. Una de las novelas más perfectas que se han escrito en español. El narrador te dice en la primera línea que van a matar a Santiago Nasar, y aun así no puedes dejar de leer descubriendo cómo y por qué. Es estructura, ritmo y misterio en su mejor forma. Si te gusta, sabes que García Márquez va a funcionar contigo.

    Sigue con El coronel no tiene quien le escriba (1961)

    Noventa páginas. Una novela breve, contenida, sin magia mayor. Un coronel jubilado espera una carta de pensión que nunca llega mientras intenta vender un gallo de pelea para pagar el almuerzo. Es la novela que demuestra que García Márquez podría haber sido un realista absoluto si hubiera querido. Lectura imprescindible y muy diferente a lo que la gente «espera» de él.

    Después, los cuentos

    Sus colecciones de cuentos son la mejor manera de probar diferentes registros sin comprometer demasiada lectura. Los funerales de la Mamá Grande (1962) es la antesala de Macondo y del realismo mágico. Doce cuentos peregrinos (1992) es la mirada exiliada, latinoamericanos perdidos en Europa.

    Ahora sí: Cien años de soledad (1967)

    Cuando ya conozcas su voz, Cien años de soledad deja de ser un libro intimidante para ser una experiencia. La historia de la familia Buendía en Macondo es la novela total: humor, política, magia, tragedia familiar, ciclos. Hay que leerla. Pero leerla cuando estés preparado, no por obligación de Bachillerato.

    El amor en los tiempos del cólera (1985)

    Quizás la novela más amada de los lectores. Una historia de amor que dura sesenta años entre Florentino Ariza y Fermina Daza. Es romántica y cruel a partes iguales, como las verdaderas historias de amor de la vida real. Lectura más fácil que Cien años de soledad.

    El otoño del patriarca (1975)

    Para lectores ya entrenados. Una novela sobre un dictador caribeño contada con frases que llegan a ocupar treinta páginas. Es la novela más experimental de García Márquez y la que más cuesta. Pero si entras, sales con una percepción nueva de lo que puede hacer la prosa en español.

    Lo que puedes saltarte (al principio)

    • La hojarasca (1955): su primera novela. Histórica, sí. Necesaria para empezar, no.
    • Cien años de soledad como primera lectura: ya lo dijimos. Espera.
    • Memorias de mis putas tristes (2004): no es de sus mejores. Si llegas a leerlo más adelante, bien. Pero no te estás perdiendo nada esencial.

    La obra de no ficción

    García Márquez fue, además de novelista, uno de los grandes periodistas del siglo XX. Relato de un náufrago (1955), Noticia de un secuestro (1996) y Vivir para contarla (sus memorias, 2002) son los tres títulos imprescindibles de su otra cara.

    Un orden recomendado de tres meses

    Si quieres entrar en García Márquez con calma, sin agobios y sacando lo mejor de su obra, este es el orden:

    1. Crónica de una muerte anunciada (130 pp.)
    2. El coronel no tiene quien le escriba (90 pp.)
    3. Los funerales de la Mamá Grande (cuentos)
    4. Cien años de soledad (400 pp.) — ahora sí
    5. El amor en los tiempos del cólera (500 pp.)
    6. Relato de un náufrago (no ficción)

    Tres meses, seis libros, y vas a salir del otro lado entendiendo por qué hay un Premio Nobel a su nombre y por qué medio mundo lo cita.

    Por qué hay que leerlo

    Aunque parezca trillado decirlo, García Márquez es de esos pocos autores que conviene haber leído antes de seguir leyendo a otros. Su voz aparece —reconocible o influyente— en cualquier autor latinoamericano del siglo XX y XXI. Si no has pasado por él, hay matices que se te escapan en otros. Y su prosa es tan asombrosamente buena que, leído con calma, te enseña a leer mejor todo lo que vendrá después.

    Si quieres entender el contexto en el que García Márquez se convirtió en lo que fue, lo metimos en perspectiva en el artículo sobre el Boom.

  • El Boom latinoamericano explicado: qué fue, quiénes lo hicieron y por qué importa

    El Boom latinoamericano explicado: qué fue, quiénes lo hicieron y por qué importa

    «El Boom latinoamericano» es una de esas expresiones que se repiten en clase de literatura sin que nadie llegue a explicarlas del todo. Si te dijeron en su día García Márquez, Vargas Llosa y Cortázar y eso fue todo, te perdiste lo más interesante: cómo cinco o seis novelistas de un continente recién descubierto literariamente cambiaron las reglas del juego mundial.

    Esta es la explicación corta del Boom, con lo que importa.

    Qué fue exactamente

    El Boom es un fenómeno de mercado y un fenómeno literario, en orden cronológico distinto. Como fenómeno literario, son las novelas que entre los años 50 y 70 publicaron un grupo de autores latinoamericanos que transformaron la novela en español. Como fenómeno de mercado, es el momento en que las editoriales europeas (especialmente Seix Barral en Barcelona y Sudamericana en Buenos Aires) empezaron a publicar y traducir masivamente a estos autores con éxito comercial inmediato.

    Las dos cosas son inseparables. Si no hubiera habido editorial, no habría habido Boom. Pero si no hubiera habido obras de aquella calidad, tampoco.

    Los protagonistas

    Gabriel García Márquez (Colombia, 1927-2014)

    El centro del Boom. Cien años de soledad (1967) es el libro emblemático del fenómeno: vendió millones, definió «realismo mágico» como concepto y le dio a Macondo un sitio en el mapa de la literatura mundial. Premio Nobel en 1982.

    Mario Vargas Llosa (Perú, 1936)

    El Boom y el ensayo unidos. La ciudad y los perros (1963) le ganó el Premio Biblioteca Breve. Conversación en La Catedral (1969) es su novela más ambiciosa. Premio Nobel en 2010.

    Julio Cortázar (Argentina, 1914-1984)

    Rayuela (1963) fue la novela «experimental» del Boom: 155 capítulos que se pueden leer en orden lineal o saltando según un esquema alternativo. Influyó masivamente a la siguiente generación de escritores.

    Carlos Fuentes (México, 1928-2012)

    La muerte de Artemio Cruz (1962) y Aura (1962) lo metieron en el Boom. Su carrera siguió hasta finales del siglo XX con obras más experimentales.

    José Donoso (Chile, 1924-1996)

    El obsceno pájaro de la noche (1970) es la novela «monstruo» del Boom: una pesadilla narrativa que pocos consiguen terminar pero que ha influido a varias generaciones. Escribió también Historia personal del Boom (1972), el libro que cuenta el fenómeno desde dentro.

    Los que se quedaron en la frontera

    Hay nombres que se mencionan a veces dentro del Boom y a veces como precursores:

    Jorge Luis Borges (Argentina)

    Más antiguo que los demás (nacido en 1899), pero su influencia sobre el Boom es total. Sin Borges, no hay Cortázar.

    Juan Carlos Onetti (Uruguay)

    Otro precursor. La vida breve (1950) ya planteó la novela urbana latinoamericana antes de que el Boom existiera.

    Juan Rulfo (México)

    Pedro Páramo (1955) es la novela que técnicamente nace antes del Boom pero es el origen de buena parte de su estética. Sin Rulfo, no hay realismo mágico.

    Alejo Carpentier (Cuba)

    Los pasos perdidos (1953) y El siglo de las luces (1962). Carpentier acuñó el concepto de «lo real maravilloso» antes de que se llamara realismo mágico.

    Las cinco obras imprescindibles

    1. Cien años de soledad — García Márquez
    2. Rayuela — Cortázar
    3. La ciudad y los perros — Vargas Llosa
    4. Pedro Páramo — Rulfo (técnicamente pre-Boom pero esencial)
    5. El obsceno pájaro de la noche — Donoso (si te atreves)

    Por qué fue importante

    Tres cosas que el Boom hizo (y que nadie había hecho antes con éxito masivo):

    1. Demostró que el español era idioma de novela mundial. Antes del Boom, las grandes novelas en castellano eran del XIX. Después del Boom, ya nadie discutía que se podía hacer literatura del más alto nivel en este idioma.
    2. Inventó el realismo mágico como categoría reconocible. No lo inventaron solos (Borges, Carpentier y Rulfo estaban ahí), pero lo convirtieron en marca global.
    3. Reconfiguró el canon. Hizo que medio mundo leyera literatura latinoamericana cuando antes no lo hacía.

    Qué vino después

    Tras el Boom vino el McOndo (los años 90, escritores rechazando el realismo mágico), después la generación del Crack (Volpi, Padilla, los mexicanos pidiendo modernidad urbana) y desde los 2000 una explosión de voces nuevas que cubrimos en literatura latinoamericana contemporánea.

    El Boom dejó de ser referente directo y empezó a ser un padre del que los hijos quieren diferenciarse. Eso suele significar que la influencia es total aunque se niegue.

    Si te interesa entender la literatura en español del último siglo, el Boom es el momento bisagra. Cuatro o cinco libros más arriba y ya tienes la columna. El resto se construye encima.

  • Literatura latinoamericana contemporánea: por dónde entrar al nuevo boom

    Literatura latinoamericana contemporánea: por dónde entrar al nuevo boom

    Si te dijeron en el colegio que la literatura latinoamericana terminaba con el Boom de los años 60 (García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Fuentes, Donoso), tienes un hueco enorme por rellenar. Lo que ha pasado en Latinoamérica desde los 2000 es uno de los renaceres literarios más importantes del idioma español, y la mayoría de lectores españoles lo descubren tarde.

    Esta es una guía rápida, autor por autor, para entrar a la literatura latinoamericana contemporánea sin perderte en la inmensidad.

    Argentina

    Mariana Enríquez

    Probablemente la voz más leída fuera de Argentina. Mezcla terror, gótico latinoamericano y crónica social. Empieza por sus cuentos: Los peligros de fumar en la cama o Las cosas que perdimos en el fuego. Si te enganchan, Nuestra parte de noche es la novela total.

    Samanta Schweblin

    Especialista en lo inquietante. Distancia de rescate (corta, perfecta, devastadora) y Kentukis son las dos puertas de entrada. Adaptada al cine.

    Selva Almada

    Narradora del litoral argentino. El viento que arrasa y Ladrilleros funcionan como introducción a una prosa contenida y muy física.

    Pedro Mairal

    Más accesible. La uruguaya es la novela perfecta para empezar: 130 páginas, humor, fracaso, una historia que parece simple y no lo es.

    César Aira

    Prolífico, raro, irrepetible. Más de cien novelas cortas, casi todas alrededor de 100 páginas. Empieza por Cómo me hice monja o El congreso de literatura.

    México

    Valeria Luiselli

    Vive entre México y Nueva York. Los ingrávidos y Desierto sonoro la consagraron internacionalmente. Combina ensayo y novela con elegancia.

    Fernanda Melchor

    Temporada de huracanes es una novela compacta, brutal, donde una sola frase puede ocupar tres páginas. Sobre la violencia contra las mujeres en el México rural. No para todos.

    Yuri Herrera

    Señales que precederán al fin del mundo es una novela corta sobre la frontera norte que Roberto Bolaño habría adorado.

    Juan Pablo Villalobos

    Humor seco y absurdo. Fiesta en la madriguera (un niño que vive en la mansión de su padre narco) es la entrada perfecta.

    Chile

    Alejandro Zambra

    La voz del Chile postdictadura. Formas de volver a casa y Mis documentos son perfectos primeros encuentros. Prosa transparente, melancolía controlada.

    Alia Trabucco Zerán

    La resta (sobre la dictadura desde la mirada de los hijos) y Limpia (sobre las desigualdades sociales chilenas a través de una empleada doméstica). Finalista del Booker International.

    Colombia

    Juan Gabriel Vásquez

    Heredero declarado de Vargas Llosa, escritor de novelas históricas serias. El ruido de las cosas al caer o La forma de las ruinas son su mejor cara.

    Margarita García Robayo

    Caribe colombiano, prosa elegante. Tiempo muerto y Lo que no aprendí son entradas perfectas.

    Cuba

    Leonardo Padura

    Ya lo mencionamos al hablar de negra en español. Pero también hay que recordar El hombre que amaba a los perros (sobre Trotsky en México) como una de las novelas mayores en español de este siglo.

    Perú, Bolivia, Ecuador, República Dominicana

    Mónica Ojeda (Ecuador)

    Mandíbula es lo más perturbador que ha aparecido en años. No se lee, te muerde.

    Liliana Colanzi (Bolivia)

    Especialista del cuento breve fantástico. Nuestro mundo muerto es la mejor entrada.

    Rita Indiana (R. Dominicana)

    Mezcla de música, drogas, vudú y crítica social. La mucama de Omicunlé es una novela corta y eléctrica.

    Junot Díaz (R. Dominicana / EEUU)

    Aunque escribe en inglés y vive en Estados Unidos, su voz es dominicana. La maravillosa vida breve de Óscar Wao sigue siendo imprescindible.

    Por dónde empezar (si solo lees tres)

    Si solo tienes tiempo para tres libros, nuestra recomendación: Distancia de rescate (Schweblin), La uruguaya (Mairal), Temporada de huracanes (Melchor). Tres apuestas distintas, tres países, tres formas de leer. Después, sigue por el autor que más te haya tocado.

    La literatura latinoamericana contemporánea no se parece al Boom. No quiere serlo. Lo ha superado en muchos sentidos: más diversa, más feminista, más urbana, más fragmentada. Es exactamente lo que cabe esperar de una región que ha vivido cuarenta años más de historia.

  • Las mejores distopías de la literatura: de 1984 a las del siglo XXI

    Las mejores distopías de la literatura: de 1984 a las del siglo XXI

    La distopía es el género que más se ha vuelto a leer en los últimos diez años. No por casualidad: las distopías clásicas que se escribieron como advertencia (Orwell, Huxley, Atwood) empezaron a parecer reportajes de la actualidad, y los lectores volvieron a ellas. La nueva ola del siglo XXI ha sumado capas: no solo el autoritarismo, también la crisis climática, los algoritmos, las pandemias, la atomización social.

    Lista corta de las distopías que importan, ordenadas para que las leas con sentido.

    Las tres canónicas

    1984 — George Orwell (1949)

    La distopía total. Big Brother, la Neolengua, el Ministerio de la Verdad. Casi todo lo que pensamos cuando decimos «distopía» viene de aquí. Setenta y cinco años después sigue dando miedo. Hay que leerla.

    Un mundo feliz — Aldous Huxley (1932)

    La otra cara de Orwell. Mientras 1984 imagina un totalitarismo de la represión, Huxley imagina uno de la complacencia: si la gente vive feliz, narcotizada y entretenida, ¿quién protesta? Más vigente en 2026 que en 1984. Léelas juntas.

    Fahrenheit 451 — Ray Bradbury (1953)

    La distopía donde los libros están prohibidos y los bomberos los queman. Más cortita, más lírica. Bradbury escribió la sociedad del entretenimiento de masas antes de que existiera.

    Las grandes del siglo XX

    El cuento de la criada — Margaret Atwood (1985)

    Distopía teocrática de inspiración patriarcal. Atwood dijo que no incluyó nada que no hubiera pasado en algún momento de la historia. La serie la disparó al estatus de fenómeno cultural en los 2010, pero el libro es mejor.

    La carretera — Cormac McCarthy (2006)

    Postapocalíptica más que distópica, pero entra en este territorio. Un padre y un hijo cruzan Estados Unidos en un mundo sin civilización. Frases cortas, sin nombres, sin esperanza. Te rompe.

    Los desposeídos — Ursula K. Le Guin (1974)

    Cuasi-utopía, también cuasi-distopía: el planeta anarquista Anarres es una utopía cansada de sí misma. Le Guin nunca da una solución fácil, y eso la hace imprescindible.

    Las nuevas distopías del siglo XXI

    Estación Once — Emily St. John Mandel (2014)

    Postpandémica. Una compañía itinerante interpreta Shakespeare en un mundo donde una gripe ha matado al 99% de la población. Distopía con esperanza, casi al borde de la utopía postdesastre. Leída en 2026, golpea distinto.

    Vernon Subutex — Virginie Despentes (2015-2017)

    Trilogía. Distopía social del París contemporáneo, sin necesidad de futuro: la sociedad actual contada con tal acidez que parece distópica. La nueva escuela.

    El año del diluvio — Margaret Atwood (2009)

    La segunda parte de la trilogía MaddAddam. Distopía bio-corporativa con sectas religiosas. Atwood escribió tres veces sobre el fin del mundo desde ángulos distintos.

    El problema de los tres cuerpos — Cixin Liu (2008)

    Distopía a escala cósmica. Los humanos descubren que el universo es un campo de batalla y las civilizaciones se cazan unas a otras. Filosofía del oscurantismo cósmico aplicada a ciencia ficción dura.

    Klara y el sol — Kazuo Ishiguro (2021)

    Distopía tenue, donde los niños se «mejoran» genéticamente y los que no pueden hacerlo quedan atrás. Ishiguro construye distopías callando los datos: solo te das cuenta cuando ya estás dentro.

    El poder — Naomi Alderman (2016)

    Las mujeres del mundo desarrollan un poder eléctrico que les permite causar dolor con las manos. En unos meses, todas las jerarquías de poder se invierten. Sátira política, distopía feminista y experimento mental al mismo tiempo. Ganó el Women’s Prize for Fiction.

    Por qué seguimos leyendo distopías

    Una observación importante: la distopía no se lee buscando profecía sino diagnóstico. Lo que el género contiene no es «esto va a pasar», sino «esto ya está pasando, mira en este espejo deformado».

    Y por eso, en una época donde la realidad se ha vuelto algo extraña, las distopías se han convertido en una de las formas de leer el presente con más nitidez.

    ¿Cuál te falta? Hay muchas más: Soy leyenda de Matheson, La máquina del tiempo de Wells, Naranja mecánica de Burgess, Mecanoscrito del segundo origen de Pedrolo. La lista es larga. Pero estos doce nombres bastan para tener una columna vertebral del género. Después, te puedes ir a donde te apetezca.

  • Ucronía hispánica: ¿y si el imperio español no hubiera caído?

    La ucronía —la historia alternativa, esa pregunta de «¿y si…?» llevada hasta sus últimas consecuencias— es uno de los terrenos más fértiles de la ciencia ficción. Y, sin embargo, el lector en español ha tenido que conformarse casi siempre con ucronías ajenas: el Sur que gana la guerra de Secesión, el Eje que vence en 1945, la Inglaterra que nunca pierde sus colonias. Falta, curiosamente, la pregunta que más de cerca nos tocaría: ¿y si el imperio español no se hubiera deshecho?

    Un punto de divergencia con fecha exacta

    Lo interesante de imaginar una ucronía sobre el imperio español es que no hace falta inventar magia ni batallas perdidas: basta con mover una sola pieza real. En 1812, en una Cádiz sitiada por las bombas, las Cortes discutieron una cláusula de igualdad que reconocía como ciudadanos a todos los hombres de la monarquía. Se concedió a unos y se aplazó, condicionada, para otros. ¿Qué habría pasado si se hubiera aprobado entera? Quizá el imperio no se habría fragmentado en repúblicas enfrentadas, sino transformado en otra cosa: una comunidad transatlántica de iguales, un solo país con un océano dentro.

    De ese pequeño cambio cuelga todo lo demás. Una potencia que en lugar de derrumbarse en el siglo XIX se reorganiza; que en el XX no llega tarde a la ciencia; que en el XXI mira hacia arriba. La ciencia ficción sirve precisamente para tirar de ese hilo y ver hasta dónde llega: hasta las estrellas, si uno se atreve.

    Ni apología ni leyenda negra

    El riesgo de cualquier relato sobre el imperio español es caer en uno de los dos tópicos de costumbre: la apología nostálgica o la leyenda negra. La ucronía bien hecha esquiva las dos. No se trata de celebrar conquistas ni de flagelarse, sino de preguntarse algo más humano: ¿qué cuesta cumplir una promesa de igualdad, generación tras generación? El imperio imaginado interesa no por lo que conquista, sino por la factura moral que sus descendientes pagan durante siglos.

    Esa es, además, la gran baza de un hispanismo imaginativo que mira al futuro y no al agravio: en vez de discutir eternamente el pasado, lo usa como trampolín para imaginar mundos. La lengua española, que ya viajó una vez de orilla a orilla, vuelve a viajar; esta vez hacia otros planetas.

    Una saga de los dos mares

    En esa veta —ciencia ficción de ideas, novela histórica y saga familiar a la vez— se inscribe La constitución de los dos mares, que recorre cinco generaciones de un mismo linaje: de la Cádiz de 1812 a las Antillas de la abolición, de la frontera del ferrocarril a una guerra que no debía existir y, por fin, al vacío a trescientos kilómetros de la Tierra. Una sola acta amarillenta pasa de mano en mano como un termómetro moral, mientras el imperio aprende a cruzar primero el océano y luego el espacio.

    Tanto si uno llega a la ucronía por la historia como por la ciencia ficción, la conclusión es la misma: hay un enorme continente narrativo casi sin explorar en lo que pudo ser y no fue del mundo hispano. Da la sensación de que apenas estamos empezando a contarlo.

  • Mejores thrillers psicológicos: 10 novelas que se leen de una sentada

    Mejores thrillers psicológicos: 10 novelas que se leen de una sentada

    El thriller psicológico es un género escurridizo. Se mezcla con la novela negra, el suspense doméstico, el procedural policíaco, el terror. Si pudiéramos trazar una línea exacta, sería esta: el thriller psicológico te atrapa por la cabeza de los personajes, no por el cadáver inicial. Te quedas hasta el final no para saber quién lo hizo, sino para entender por qué.

    Una lista de diez thrillers contemporáneos que probablemente te lean a ti tanto como tú los leas a ellos.

    1. Perdida — Gillian Flynn (2012)

    El thriller psicológico que reinó la década de 2010. Una mujer desaparece el día de su aniversario y todo apunta al marido. A partir de ahí, todo lo que crees saber se vuelve discutible. Flynn cambió las reglas del género con esto. Si solo lees uno de la lista, que sea este.

    2. La paciente silenciosa — Alex Michaelides (2019)

    Un terapeuta intenta hacer hablar a una pintora que asesinó a su marido y desde entonces no ha dicho una palabra. Best-seller mundial, traducciones masivas, adaptación al cine en marcha. La estructura sostiene la tensión hasta el último capítulo.

    3. El silencio de los corderos — Thomas Harris (1988)

    Sí, todos lo conocen por la película. Pero el libro, leído sin haber visto la película primero, sigue siendo una de las experiencias más intensas que ofrece el género. La construcción de Hannibal Lecter como personaje es uno de los grandes logros de la literatura comercial.

    4. La chica del tren — Paula Hawkins (2015)

    Una mujer alcohólica viaja cada día en el mismo tren y empieza a obsesionarse con una pareja que ve por la ventana. Cuando la mujer desaparece, ella se mete en la investigación. Más sutil de lo que parece. La narradora poco fiable elevada a arte.

    5. Sharp Objects — Gillian Flynn (2006)

    La primera novela de Flynn, anterior a Perdida. Una periodista vuelve al pueblo donde creció para cubrir el asesinato de dos niñas. Más oscura, más concentrada, más rota. Adaptada como miniserie con Amy Adams.

    6. Misery — Stephen King (1987)

    King no es exactamente thriller psicológico, pero Misery sí lo es. Una fan obsesiva mantiene secuestrado a un novelista en una casa aislada. Una de las novelas más claustrofóbicas que se han escrito.

    7. La séptima función del lenguaje — Laurent Binet

    Inclasificable: parte thriller filosófico, parte sátira académica, parte recreación histórica de Roland Barthes y compañía. Te divierte y te tensa a partes iguales. Lectura ideal para gente que disfruta cuando un thriller te exige pensar.

    8. La amiga estupenda — Elena Ferrante (2011)

    Trampa. Ferrante no escribe thrillers, pero sus cuatro novelas napolitanas crean tal tensión psicológica que muchos lectores las describen como thrillers de la amistad femenina. Sáltatelas si solo quieres género estricto. Pero si lees la primera, leerás las otras tres.

    9. Reina Roja — Juan Gómez-Jurado

    Thriller psicológico de manual hecho aquí. Best-seller absoluto. Gómez-Jurado tiene un oído extraordinario para el ritmo del género; su trilogía Reina Roja / Loba Negra / Rey Blanco es entrada perfecta al thriller español contemporáneo.

    10. Antes de que se enfríe el café — Toshikazu Kawaguchi

    No es thriller convencional pero tiene una estructura que funciona igual: cuatro historias en una cafetería de Tokio donde se puede viajar en el tiempo durante el tiempo que tarda un café en enfriarse. Suspense emocional sostenido página tras página. Cierre que te deja tocado.

    Por qué se leen tan rápido

    Una observación: los thrillers psicológicos comparten un truco estructural. Te dan información incompleta sobre un personaje en cada capítulo, y la lectura se vuelve una negociación con tu propia paranoia: «¿esta es la pieza que me revela el truco o es una pista falsa?». Esa fricción te mantiene leyendo a las dos de la mañana cuando deberías estar durmiendo. Y por eso siempre dan ganas de leer otro al día siguiente.

    ¿Recomendaciones que se han quedado fuera? Patricia Highsmith, Tana French, Ruth Ware, A. J. Finn, Sarah Pinborough… El género está rebosante. Pero diez bastan para entrar. Y son diez tardes-noches de las buenas.

  • Novela negra en español: el género que más cambió en veinte años

    Novela negra en español: el género que más cambió en veinte años

    La novela negra solía ser cosa de americanos, escandinavos y, con suerte, de algún veterano italiano (Camilleri). En España, la tradición se rastreaba hasta Vázquez Montalbán y su detective Carvalho, y después poca cosa. La novela negra en español era nicho.

    Eso ya no es así. En los últimos veinte años el género ha florecido tanto en España como en Latinoamérica, con voces que ya no imitan a Chandler ni a Mankell sino que escriben desde tradiciones propias. Te dejamos una lista práctica para entrar (o profundizar).

    En España

    Lorenzo Silva — La saga de Bevilacqua y Chamorro

    Doce novelas y contando. El sargento de la Guardia Civil Bevilacqua y la guardia Chamorro investigan casos por toda España. Silva es probablemente el novelista negro español con la carrera más sólida del siglo XXI. Empieza por El alquimista impaciente o Donde los escorpiones.

    Dolores Redondo — La trilogía del Baztán

    El guardián invisible abrió el camino a un fenómeno editorial: una inspectora policial de Pamplona investigando crímenes con trasfondo de mitología vasca. La trilogía (con Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta) está bien. Las películas son decentes; el libro siempre va más profundo.

    Eva García Sáenz de Urturi — La trilogía de la Ciudad Blanca

    Su saga vitoriana (El silencio de la ciudad blanca, Los ritos del agua, Los señores del tiempo) la convirtió en uno de los fenómenos más vendidos del país. Buen ritmo, ambientación cuidada, finales con vuelta de tuerca.

    Víctor del Árbol — La sangre de los inocentes / Un millón de gotas

    Del Árbol hace novela negra con peso. Sus historias suelen ir más allá del crimen para meterse en historias familiares, traumas heredados, política española del siglo XX. Si quieres negra con espesor literario, este es tu autor.

    Carmen Mola — La novia gitana

    La negra más comercial del país en los últimos años. Carmen Mola se reveló como seudónimo de tres autores (Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero) tras ganar el Premio Planeta. Las novelas se leen rápido, son trepidantes y, si te gusta el ritmo americano, encajarán.

    Alicia Giménez Bartlett — Petra Delicado

    Otra serie larga. Petra Delicado es una inspectora barcelonesa con un compañero veterano (Fermín Garzón) que llevan más de quince novelas. Diálogos brillantes, humor barcelonés y casos que no siempre se cierran como un thriller convencional.

    En Latinoamérica

    Claudia Piñeiro — Argentina

    Piñeiro es una de las grandes contemporáneas de la negra latinoamericana. Las viudas de los jueves, Tuya, Las maldiciones. Combina misterio con crítica social fina. Adaptada al cine y a series.

    Pablo De Santis — Argentina

    El enigma de París (Premio Planeta-Casa de América) y la saga del detective Caleb Pirelli. Novela negra culta, con guiños a Borges y a Stevenson.

    Leonardo Padura — Cuba

    La gran voz de la negra cubana. La saga del teniente Mario Conde es una crónica indirecta de los cambios de la Cuba post-soviética: Pasado perfecto, Vientos de Cuaresma, Máscaras, Paisaje de otoño. Después, su novela El hombre que amaba a los perros es directamente una obra maestra (aunque ya no sea propiamente negra).

    Élmer Mendoza — México

    El padrino de la novela negra del Pacífico mexicano. Su saga del Zurdo Mendieta es la introducción a la narcoliteratura en la mejor versión: con ritmo, calle y oído para el habla regional.

    Mempo Giardinelli — Argentina

    El veterano de la negra argentina. Luna caliente es la mejor introducción. Si te gusta, sigue por su carrera entera.

    Qué tiene de especial este momento

    La negra en español ha conseguido tres cosas que cuesta apreciar de cerca:

    1. Voz propia: ya no se nota la traducción mental del modelo anglosajón.
    2. Ambientaciones reales: Barcelona, Madrid, La Habana, México DF, Buenos Aires, Vitoria, Bilbao, Pamplona. Lugares concretos con sociología real.
    3. Variedad: thriller comercial, negra literaria, novela política con crimen, narco. Hay para todos los gustos.

    Si nunca has leído negra en español por prejuicio (sí, todos hemos sido así), el momento es ahora. La cosecha del siglo XXI compite de tú a tú con cualquier escena internacional.

    ¿Recomendaciones para añadir? Hay decenas que se quedaron fuera: Andreu Martín, Rafael Reig, Berna González Harbour, Toni Hill… La lista crece cada año. Pero estos nombres bastan para empezar y darse cuenta de que la negra en español tiene ya tradición propia. No es imitación. Es género hecho aquí, con voz aquí.

  • 10 ensayos que cambian la forma de pensar (sin manuales de autoayuda)

    10 ensayos que cambian la forma de pensar (sin manuales de autoayuda)

    El género ensayo carga con la fama de aburrido. Quizá porque pasamos por el colegio leyendo ensayos del XVII, quizá porque las librerías han llenado la sección con manuales de productividad, mindfulness y treinta-días-para-cambiar-tu-vida. Pero el ensayo real, el que combina inteligencia con lectura amena, sigue siendo uno de los géneros más estimulantes que existen.

    Lista corta de ensayos que muchos lectores adultos citan como «me cambiaron la forma de pensar». Sin pseudociencia, sin gurús, sin tu mejor versión en cuatro semanas.

    1. Sapiens — Yuval Noah Harari

    Sí, ya lo sabemos. Lo ha leído todo el mundo. Y por una razón. Harari hace algo difícil: cuenta toda la historia de la humanidad en 400 páginas sin caer en la divulgación condescendiente. Hay polémicas legítimas sobre sus interpretaciones; eso forma parte de su valor. Te obliga a pensar. Si te engancha, sigue con Homo Deus. Si te ha dejado frío, salta.

    2. Lo bello y lo siniestro — Eugenio Trías

    Un ensayo de filosofía estética escrito en los 80 pero perfectamente vigente. Trías separa lo bello de lo siniestro y muestra cómo el arte moderno juega con ambos. Cien páginas. Un cambio de perspectiva sobre el arte contemporáneo.

    3. La gran transformación — Karl Polanyi

    El libro que explica por qué el liberalismo del XIX terminó en las dos guerras mundiales y el fascismo. Es denso. Cambia tu lectura de la economía actual de manera permanente. Si no quieres meterte directamente con Polanyi, hay buenas síntesis modernas que lo aterrizan: El capital en el siglo XXI de Piketty, por ejemplo.

    4. Pensar rápido, pensar despacio — Daniel Kahneman

    Kahneman ganó el Nobel de Economía sin ser economista, sino psicólogo. Este libro es el resumen accesible de cuarenta años de investigación sobre cómo realmente tomamos decisiones (mal, irracionalmente, con sesgos). Cambió la psicología cognitiva, la economía conductual y, si lo lees con calma, te cambia a ti.

    5. Contra los hijos — Lina Meruane

    Un ensayo breve, agudo y polémico de la escritora chilena Lina Meruane. Sobre la maternidad, el patriarcado, la presión cultural sobre las mujeres por tener hijos. Es de los ensayos más citados en debates contemporáneos sobre familia, género y elección personal.

    6. En defensa de la conversación — Sherry Turkle

    Turkle estudia desde el MIT cómo la tecnología cambia las relaciones humanas. Este ensayo es el que mejor articula por qué hablar en persona, sin móviles delante, ya es un acto contracultural. Lectura especialmente útil en 2026.

    7. Mil mesetas — Deleuze y Guattari

    Exigente, hay que reconocerlo. Deleuze y Guattari escribieron en los 80 un libro tan denso que cuesta resumirlo: cada capítulo es una «meseta» independiente que se puede leer en cualquier orden. Influyó a varias generaciones de pensadores, artistas y arquitectos. Si te interesa la filosofía contemporánea, este es el libro. Si Deleuze suena demasiado fuerte, empieza por sus Diálogos con Claire Parnet, que son más legibles.

    8. Eichmann en Jerusalén — Hannah Arendt

    La crónica del juicio a Adolf Eichmann en 1961, escrita por Hannah Arendt para The New Yorker. Donde acuña la expresión «banalidad del mal». Hoy se enseña como uno de los textos fundacionales del pensamiento político del siglo XX. Sigue siendo perturbador.

    9. Eros y civilización — Herbert Marcuse

    Otro ensayo de los 50, pero clave. Marcuse mezcla Freud y Marx para preguntarse si la civilización capitalista nos obliga a renunciar a una parte de nuestra felicidad. La respuesta es sí. La pregunta de qué hacer con eso sigue abierta.

    10. Cómo no hacer nada — Jenny Odell

    Lectura más fresca, de 2019. Odell es artista y activista, y este ensayo es un manifiesto contra la economía de la atención y la productividad como religión. Combina filosofía, naturaleza urbana y reflexión personal. Lectura ágil. Te deja con ganas de cerrar la app.

    Los que no entran en diez

    Quedan fuera Sobre la libertad de John Stuart Mill, Caminos de libertad de Bertrand Russell, La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han, Crítica de la razón cínica de Sloterdijk… La lista del ensayo serio del siglo XX y XXI es enorme.

    Pero diez títulos accesibles bastan para dejar de mirar la sección de ensayo como un mal trago y verla como lo que es: el espacio donde la inteligencia contemporánea se pone a pensar en serio.

  • Ciencia ficción que merece la pena leer hoy (más allá de Asimov)

    Ciencia ficción que merece la pena leer hoy (más allá de Asimov)

    Cuando alguien que no lee ciencia ficción me pregunta «¿qué me recomiendas para empezar?», la respuesta fácil es Asimov, Bradbury, Heinlein, Clarke. Los cuatro pilares. Y son recomendaciones válidas: la ci-fi de los 50-70 sigue siendo importante.

    Pero la ciencia ficción de los últimos veinticinco años se ha vuelto más madura, más social, más diversa y, sí, mejor escrita. Si vas a entrar al género, mejor entres por la puerta moderna. Esta es nuestra lista, sin nostalgia, de la ciencia ficción que vale la pena hoy.

    La trilogía de los Tres Cuerpos — Cixin Liu

    El gran fenómeno de la ci-fi global del siglo XXI. Liu Cixin escribe ciencia ficción dura (con física real, no fantasía espacial) que cubre la historia de la civilización humana frente a una invasión extraterrestre. Inteligente, ambicioso, a veces frío. Inolvidable. Y sí, está mejor que la serie de Netflix.

    La trilogía de la Tierra Fragmentada — N. K. Jemisin

    Tres premios Hugo consecutivos por las tres novelas. Mundo postapocalíptico con magia (técnicamente fantasía, pero la fontanería interna es ciencia ficción), protagonistas afrodescendientes, prosa que rompe convenciones. Cambió las reglas del género para mejor.

    El cuento de la criada / Los testamentos — Margaret Atwood

    Si crees que ya conoces El cuento de la criada por la serie, léelo. La novela es de 1985 pero su vigencia es absoluta en los 2020. Atwood publicó la secuela, Los testamentos, en 2019, que ganó el Booker. Las dos juntas son un retrato político del autoritarismo que llega a más profundidad que cualquier ensayo.

    Los desposeídos — Ursula K. Le Guin

    Trampa: es de 1974. Pero Le Guin es ciencia ficción del siglo XXI por mucho que se publicara antes, porque sus libros se siguen leyendo, citando y debatiendo. Los desposeídos enfrenta una sociedad anarquista contra una capitalista en dos planetas vecinos. Política aplicada en forma de ciencia ficción. Si te gusta este, sigue con La mano izquierda de la oscuridad.

    Aniquilación — Jeff VanderMeer

    Trilogía Southern Reach. Una expedición científica entra en un territorio donde las leyes de la naturaleza están alteradas. Atmósfera, prosa contenida, sensación de no entender del todo lo que pasa. La adaptación al cine es buena. El libro es mejor.

    Estación Once — Emily St. John Mandel

    Postapocalíptica, sí, pero diferente. Una compañía de teatro itinerante interpreta Shakespeare en un mundo donde una pandemia ha matado al 99% de la población. Ganó el Premio Arthur C. Clarke. Lo siguiente, El mar de la tranquilidad, también funciona.

    Klara y el sol — Kazuo Ishiguro

    Una niña enferma, una amiga androide. Ishiguro hace ciencia ficción contenida, casi pudorosa, donde lo importante no es la tecnología sino lo que dice sobre lo humano. Premio Nobel. Y aun así, su novela más fácil de leer.

    Hyperion — Dan Simmons

    Si quieres ciencia ficción ambiciosa con estructura de cuentos de Canterbury y referencias a Keats, esta es la mejor opción. Cuatro libros, mil personajes, una de las grandes obras del género del último cuarto de siglo.

    Children of Time — Adrian Tchaikovsky

    Una civilización humana en declive, otro experimento de terraformación que ha producido una civilización de arañas inteligentes. Tan raro como suena. Tan bueno como prometen las reseñas.

    En español: Rosa Montero, Yoss y compañía

    Mención específica para autores en castellano. Rosa Montero mantiene su saga de Bruna Husky desde Lágrimas en la lluvia: noir futurista de calidad sostenida. Yoss (cubano, José Miguel Sánchez) publica ci-fi en castellano con humor y ritmo. Edmundo Paz Soldán (boliviano) y Rita Indiana (dominicana) están haciendo cosas interesantes en los márgenes del género.

    Por dónde empezar

    Si no sabes por dónde, nuestra recomendación inicial es siempre Klara y el sol o El cuento de la criada. Las dos son accesibles, las dos te enseñan que la ciencia ficción puede ser literatura sin complejos. Después, si quieres ir a profundidad, Los desposeídos o Tres cuerpos. Y a partir de ahí, el género se abre como un abanico.

    La ciencia ficción ya no es solo cohetes y robots. Es uno de los espacios más vivos de la literatura contemporánea. Si te apetece una lista más friqui y con Madrid de fondo, también la tenemos.