
La primera vez que intenté leer Rayuela tenía diecinueve años y lo dejé en la página cuarenta con la sensación de ser tonto. No lo era. Simplemente había empezado por el sitio equivocado, que es exactamente lo que le pasa a casi todo el mundo con Cortázar. Alguien te dice que es un genio, te vas directo a su novela más famosa, te encuentras con un tablero de instrucciones y dos órdenes de lectura posibles, y decides que esto de la literatura argentina no es para ti.
Así que si me preguntas Cortázar por dónde empezar, mi respuesta es tajante: no por Rayuela. Al menos, no todavía. Déjame contarte cómo lo haría yo si volviera a empezar de cero.
Cortázar por dónde empezar: los cuentos, siempre los cuentos
Cortázar es, ante todo, uno de los mejores cuentistas del siglo XX. Y lo bueno del cuento es que te dice enseguida si estás hecho para un autor o no. Media hora, un relato, y sabes si vas a seguir. Con una novela de cuatrocientas páginas esa apuesta es mucho más cara.
Su primer libro de relatos de verdad, Bestiario (1951), ya contiene la semilla de todo lo que vino después: lo fantástico que se cuela en lo cotidiano sin pedir permiso. Pero yo no empezaría ni siquiera por ahí. Empezaría por un puñado de cuentos sueltos, los que enganchan a cualquiera.
Los tres cuentos con los que engancharías a cualquiera
- «Casa tomada». Dos hermanos que viven en una casa enorme y notan que, poco a poco, «algo» va ocupando las habitaciones. Nunca sabes qué es. Da igual. Es de esos cuentos que se te quedan pegados durante días y que admiten mil lecturas. Está en Bestiario.
- «Continuidad de los parques». Apenas dos páginas. Un hombre lee una novela y la novela se lo come. Es el mejor ejemplo de lo que Cortázar hacía con la forma sin dejar de contarte una historia. Lo tienes en Final del juego (1956).
- «La noche boca arriba». Un motorista tiene un accidente y, mientras se recupera en el hospital, sueña que huye de unos guerreros aztecas. O quizá es al revés. También en Final del juego.
Si estos tres te gustan, ya eres lector de Cortázar y no lo sabías. Si no te dicen nada, no pasa nada: hay muchísimos escritores y la vida es corta.
El siguiente paso: dos libros de cuentos enteros
Enganchado ya con los relatos sueltos, toca leer un libro completo de principio a fin. Aquí tienes dos caminos y los dos son buenos.
Final del juego es probablemente su colección más redonda. Cuentos como el que da título al libro, o «Axolotl» —donde un hombre se queda mirando a esas salamandras del acuario hasta que ocurre algo difícil de olvidar—, muestran a un Cortázar en pleno control de sus recursos.
El otro camino es Las armas secretas (1959), que incluye «El perseguidor», su relato sobre un músico de jazz inspirado en Charlie Parker. Para mucha gente es el mejor cuento que escribió, y marca el momento en que a Cortázar empezaron a importarle menos los juegos fantásticos y más las personas. Si te gusta el jazz, empieza por aquí sin dudarlo.
Historias de cronopios y de famas: el Cortázar juguetón
Antes de meterte en cualquier novela, date el gusto de leer Historias de cronopios y de famas (1962). No es exactamente un libro de cuentos ni de ensayos: son textos breves, casi juegos, instrucciones absurdas para subir una escalera o para llorar, y esos personajes entrañables que son los cronopios (caóticos, poéticos) frente a los famas (rígidos, ordenados).
Es Cortázar en pijama, riéndose, y sirve para entender que detrás del escritor «difícil» había un tipo con un sentido del humor enorme. Se lee en ratos sueltos y te deja de buen humor. Si vienes de leer clásicos más solemnes, este cambio de registro te va a sorprender; algo parecido comentaba en mi guía para empezar con Borges, el otro gran argentino con el que siempre lo emparejan.
Y ahora sí: Rayuela
Cuando ya has leído sus cuentos y le has cogido el tono, Rayuela (1963) deja de ser un muro y se convierte en lo que realmente es: un juego. La novela cuenta la historia de Horacio Oliveira entre París y Buenos Aires, su relación con la Maga, sus amigos del Club de la Serpiente, y todo lo hace con una libertad formal que en su momento fue una bomba.
El famoso «tablero de dirección» del principio te propone dos maneras de leerla: del capítulo 1 al 56 de forma lineal, o saltando entre capítulos según un orden que el propio libro te indica. Mi consejo: la primera vez, léela del tirón, capítulo 1 al 56, y deja los «capítulos prescindibles» para una segunda vuelta. No te obsesiones con leerla «bien». No hay una forma correcta.
Lo importante es que llegues a Rayuela queriendo estar ahí, no por obligación. Es una novela que premia al lector que ya confía en el autor, y esa confianza se construye con los cuentos.
Un mapa rápido para no perderte
- Para probar: «Casa tomada», «Continuidad de los parques» y «La noche boca arriba».
- Primer libro entero: Final del juego o Las armas secretas.
- Para reírte y respirar: Historias de cronopios y de famas.
- La cima, cuando estés listo: Rayuela.
A mí me habría ahorrado un par de años de prejuicios que alguien me hubiera dicho esto a los diecinueve. Cortázar no es difícil: es un autor que pide que le des cuerda poco a poco. Empieza por un cuento esta misma noche, a ver qué pasa. Si te ocurre lo que a mí, mañana querrás otro. Y si al final te enganchas del todo, quizá te apetezca seguir explorando otros grandes cuentistas latinoamericanos que juegan en la misma liga.
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