Ucronía hispánica: ¿y si el imperio español no hubiera caído?

La ucronía —la historia alternativa, esa pregunta de «¿y si…?» llevada hasta sus últimas consecuencias— es uno de los terrenos más fértiles de la ciencia ficción. Y, sin embargo, el lector en español ha tenido que conformarse casi siempre con ucronías ajenas: el Sur que gana la guerra de Secesión, el Eje que vence en 1945, la Inglaterra que nunca pierde sus colonias. Falta, curiosamente, la pregunta que más de cerca nos tocaría: ¿y si el imperio español no se hubiera deshecho?

Un punto de divergencia con fecha exacta

Lo interesante de imaginar una ucronía sobre el imperio español es que no hace falta inventar magia ni batallas perdidas: basta con mover una sola pieza real. En 1812, en una Cádiz sitiada por las bombas, las Cortes discutieron una cláusula de igualdad que reconocía como ciudadanos a todos los hombres de la monarquía. Se concedió a unos y se aplazó, condicionada, para otros. ¿Qué habría pasado si se hubiera aprobado entera? Quizá el imperio no se habría fragmentado en repúblicas enfrentadas, sino transformado en otra cosa: una comunidad transatlántica de iguales, un solo país con un océano dentro.

De ese pequeño cambio cuelga todo lo demás. Una potencia que en lugar de derrumbarse en el siglo XIX se reorganiza; que en el XX no llega tarde a la ciencia; que en el XXI mira hacia arriba. La ciencia ficción sirve precisamente para tirar de ese hilo y ver hasta dónde llega: hasta las estrellas, si uno se atreve.

Ni apología ni leyenda negra

El riesgo de cualquier relato sobre el imperio español es caer en uno de los dos tópicos de costumbre: la apología nostálgica o la leyenda negra. La ucronía bien hecha esquiva las dos. No se trata de celebrar conquistas ni de flagelarse, sino de preguntarse algo más humano: ¿qué cuesta cumplir una promesa de igualdad, generación tras generación? El imperio imaginado interesa no por lo que conquista, sino por la factura moral que sus descendientes pagan durante siglos.

Esa es, además, la gran baza de un hispanismo imaginativo que mira al futuro y no al agravio: en vez de discutir eternamente el pasado, lo usa como trampolín para imaginar mundos. La lengua española, que ya viajó una vez de orilla a orilla, vuelve a viajar; esta vez hacia otros planetas.

Una saga de los dos mares

En esa veta —ciencia ficción de ideas, novela histórica y saga familiar a la vez— se inscribe La constitución de los dos mares, que recorre cinco generaciones de un mismo linaje: de la Cádiz de 1812 a las Antillas de la abolición, de la frontera del ferrocarril a una guerra que no debía existir y, por fin, al vacío a trescientos kilómetros de la Tierra. Una sola acta amarillenta pasa de mano en mano como un termómetro moral, mientras el imperio aprende a cruzar primero el océano y luego el espacio.

Tanto si uno llega a la ucronía por la historia como por la ciencia ficción, la conclusión es la misma: hay un enorme continente narrativo casi sin explorar en lo que pudo ser y no fue del mundo hispano. Da la sensación de que apenas estamos empezando a contarlo.

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