El 14 de mayo de 1925, la editorial Hogarth Press publicó en Londres Mrs Dalloway de Virginia Woolf. Era la cuarta novela de la autora, después de Fin de viaje, Noche y día y El cuarto de Jacob. Pero Mrs Dalloway es la primera donde Woolf encuentra plenamente su voz: un solo día en la vida de una mujer mayor, Clarissa Dalloway, que organiza una fiesta en su casa de Westminster.
Cien años después, sigue siendo una de las novelas más influyentes del siglo XX y una de las puertas de entrada esenciales a la novela moderna.
Lo que Woolf hizo en 1925
Tres cosas que cambiaron la novela para siempre:
El tiempo interior
La acción exterior de la novela cubre un solo día: la mañana en que Clarissa sale a comprar flores y la noche en que da la fiesta. Pero por dentro caben décadas: recuerdos, asociaciones, lugares lejanos. Woolf demostró que la novela podía dilatarse o comprimirse al ritmo del pensamiento, no del reloj.
La conciencia múltiple
La narración salta de un personaje a otro casi sin avisar. Una frase está en Clarissa, la siguiente en Septimus Warren Smith (un veterano de guerra), la siguiente en Peter Walsh. Woolf inventa el «modernismo libre indirecto»: la narradora toma prestada brevemente la conciencia de cada personaje sin avisar al lector. Es desconcertante en la primera lectura. Es liberador en la segunda.
El día como totalidad
Un día cualquiera contiene toda una vida si se mira bien. Esa idea —que James Joyce había explorado el año anterior en Ulises, pero que Woolf llevó al territorio de la conciencia femenina— se convertiría en uno de los recursos más fértiles de la novela del siglo XX.
Por qué seguir leyéndola hoy
Por tres razones:
- Sigue siendo la mejor introducción al modernismo. Más accesible que Ulises, más amable que El sonido y la furia. Es la puerta de entrada cómoda.
- Septimus Warren Smith. El veterano de guerra que sufre trastorno por estrés postraumático es uno de los grandes personajes literarios del XX. Su tragedia, contada en paralelo a la fiesta de Clarissa, sigue siendo emocionante un siglo después.
- La prosa. Cada frase de Woolf está cuidada. Es de las pocas autoras del XX cuya prosa, leída en voz alta, parece poesía sin dejar de ser narrativa.
Las adaptaciones
La novela tiene una adaptación al cine de 1997 con Vanessa Redgrave. Cumple. Pero Las horas de Stephen Daldry (2002), basada a su vez en la novela homónima de Michael Cunningham, es probablemente el mejor homenaje cinematográfico a Woolf. Tres mujeres, tres épocas, una sola novela como hilo conductor.
Si nunca has leído La señora Dalloway, el centenario es la mejor excusa. Si la leíste en su día por obligación universitaria, una relectura adulta es otra novela. Eso, en literatura, es lo máximo a lo que se puede aspirar.

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