El ciberpunk que no vino de Tokio: la ola mexicana de los noventa

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El ciberpunk tiene una geografía muy fija en la cabeza de la mayoría: Tokio, o una ciudad americana imaginada con luces de Tokio. Hay un capítulo que casi nunca se cuenta y que pasó en español.

1993

La primera calle de la soledad, de Gerardo Horacio Porcayo, se publicó ese año en el Fondo Editorial Tierra Adentro y está considerada la primera novela ciberpunk iberoamericana.

Conviene subrayarlo: la primera. No una versión tardía de algo ya asentado, sino un libro escrito cuando el ciberpunk todavía era reciente incluso en inglés.

Porcayo nació en Cuernavaca en 1966. Su novela ha tenido tres vidas editoriales: la original de 1993, una reedición en 1997 y otra en 2020 en una editorial grande. Que un libro de género de hace treinta años vuelva tres veces a las librerías dice más que cualquier reseña.

Quiénes eran

No fue un caso aislado. Alrededor de Porcayo se movió un grupo: José Luis Zárate, Gerardo Sifuentes, José Luis Ramírez y Bernardo Fernández, «Bef».

Lo que hicieron no fue traducir el género, sino mexicanizarlo: meter dentro lo que en México significaban de verdad la tecnología importada, la frontera y el dinero de fuera.

Por qué justo entonces

Aquí hay una fecha que lo explica casi todo. La ola crece después de 1994, con la apertura comercial entre México, Estados Unidos y Canadá.

Piensa en lo que es el ciberpunk como género: va de tecnología que llega de fuera, de capital que no rinde cuentas, de gente que convive con aparatos que no controla ni ha elegido. Es difícil imaginar un momento y un lugar donde esa conversación estuviera más viva que en el México de esos años.

El ciberpunk anglosajón tuvo que imaginarse esa situación. Ellos la tenían delante.

Qué se lee distinto

En el ciberpunk de importación, la desigualdad es el efecto especial: sorprende que haya miseria a los pies de una torre de cristal, y el libro se apoya en esa sorpresa.

En el mexicano esa carta no existe, porque el lector lo ha visto por la ventana esa misma mañana. Al quitarle esa muleta, el género tiene que buscarse otra cosa. Normalmente la encuentra en los personajes, que salen bastante más vivos que en la media del subgénero.

Por dónde empezar hoy

Por La primera calle de la soledad, que además ahora se encuentra sin pelearse. Léela con la fecha presente: buena parte de lo que hoy nos parece normal en el género no lo era en 1993, y menos escrito en español.

Después, cualquier cosa de Bef, que es el más accesible del grupo y el que sigue publicando. Viene también del cómic y de la novela negra, y sus futuros tienen estructura de caso policial: alguien investiga algo en una ciudad que no colabora.

Librero Libre

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