Un fugitivo llega a una isla que le han dicho que está desierta. No lo está: hay gente que baila, que se baña, que conversa. Los observa durante días y llega a una conclusión que lo desarma. No es que lo ignoren. Es que no pueden verlo.
Eso es La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, publicada en 1940.
La fecha es media novela
Conviene detenerse en el año, porque cambia por completo cómo se lee.
En 1940 no existía nada parecido. No había ordenadores, la televisión era un experimento y la idea de grabar algo más que sonido e imagen plana no estaba en ninguna conversación. Y un escritor argentino de veintiséis años publica una novela sobre una máquina que graba personas completas —cuerpo, gestos, presencia— y las reproduce en bucle para siempre.
Hoy tenemos palabras para eso. Él tuvo que inventarlas.
Borges en la primera página
El libro lleva prólogo de Borges, y no es un favor de amigo. Borges defendía la trama por encima del adorno, y este libro es una máquina de relojería: no sobra una escena, la explicación llega en el momento exacto y el final se sostiene sin trampa.
Si alguien te ha dicho alguna vez que la literatura argentina de esa época era pura metafísica y poca historia, este libro es el contraejemplo perfecto.
Por qué sigue funcionando
La mayoría de la ciencia ficción antigua envejece por el atrezo: se lee y ves los teléfonos, las secretarias y los cigarrillos en la nave. Aquí no hay atrezo. Hay una isla, un edificio y un aparato del que no se dan detalles técnicos, precisamente porque a Bioy no le interesaba el aparato.
Le interesaba la pregunta: si te grabo entero y te reproduzco, ¿eso sigues siendo tú? Y si la copia es indistinguible, ¿importa la diferencia?
Esa pregunta no ha envejecido ni un día. De hecho ahora incomoda más que en 1940.
Cómo leerlo
Es corto y se lee en una tarde. Mi consejo, que va contra la costumbre: léelo sin buscar nada antes. Es un libro al que se le puede estropear bastante con media frase, y en internet esa media frase está en todas partes.
Si lo terminas y te quedas con ganas, entonces sí: busca de qué se ha hablado. Hay décadas de lecturas encima, incluidas las de gente que lo ha señalado como antecedente de cosas escritas cincuenta años después.
Con qué emparejarlo
Si quieres quedarte en la misma cabeza, sigue por Borges, que es la compañía obvia. Si prefieres saltar al presente y ver qué se está haciendo hoy con las mismas preguntas desde el mismo continente, la ciencia ficción latinoamericana contemporánea sigue dándole vueltas al cuerpo y a la copia, aunque con otras palabras.