En octubre de 1973, Seix Barral publicaba en Barcelona Pantaleón y las visitadoras, la quinta novela de Mario Vargas Llosa y la primera en que el peruano se permitía abiertamente el humor. Cincuenta años después, sigue siendo la novela más divertida del Boom latinoamericano y, para muchos lectores, su mejor puerta de entrada al autor.
De qué va
El capitán Pantaleón Pantoja, oficial modélico del ejército peruano, recibe el encargo secreto de organizar un servicio de «visitadoras» (prostitutas) para los soldados destacados en los puestos remotos de la Amazonía. Pantoja, que es marido fiel y católico practicante, acepta con la misma diligencia con que aceptaría cualquier otra misión militar. Y empieza a aplicarle al servicio la misma lógica burocrática del ejército: estadísticas, planes de turnos, evaluaciones de rendimiento, informes a sus superiores.
El resultado es una sátira corrosiva de la burocracia militar, de la moral pública, de la doble vida del Perú profundo y del Perú oficial.
El experimento formal
Lo que hace única a la novela es que cada capítulo está escrito en un formato distinto: informes militares, cartas privadas, diálogos cruzados sin marcadores narrativos, conversaciones que saltan entre líneas. Vargas Llosa lleva al extremo la técnica narrativa que ya había probado en La casa verde. Pero aquí lo hace en clave cómica, lo que multiplica el efecto.
Para una novela de 1973, era atrevido. Para una novela de hoy, sigue siendo experimental.
Por qué leerla hoy
Tres razones que la mantienen viva:
- El humor. Es una de las pocas novelas del Boom que se lee riendo. Y la risa en literatura envejece mejor que la solemnidad.
- La crítica. El retrato de la burocracia militar, de la hipocresía moral, del Perú selva-Perú costa, sigue siendo perfectamente vigente para cualquier país latinoamericano.
- La técnica. Cualquier escritor joven que quiera entender qué se puede hacer con la forma debería leerla con un cuaderno al lado.
La adaptación
Vargas Llosa codirigió en 1975 la adaptación cinematográfica de su propia novela. Es una rareza —fue su única incursión seria en cine— y aunque la película tiene fallos, hay quien la considera de culto. En 2000 hubo otra adaptación, más comercial, dirigida por Francisco Lombardi y con José Sacristán en el papel principal.
Si nunca te has metido con Vargas Llosa, este es un buen aniversario para empezar. Pantaleón es corta (apenas 250 páginas) y divertida. La lectura ideal para descubrir al Nobel sin las exigencias técnicas de La ciudad y los perros o de Conversación en La Catedral.

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