Se les nombra juntos tanto que uno acaba pensando que escribían parecido. No se parecen en casi nada, y saber en qué se diferencian es la manera más rápida de acertar con cuál empezar.
Asimov mira hacia dentro
A Asimov le interesan los sistemas humanos. Sus mejores libros van de leyes, de instituciones, de reglas que alguien escribió con buena intención y que producen efectos que nadie previó.
Las tres leyes de la robótica no son un adorno: son el planteamiento entero. Cada relato de robots es un problema lógico —estas reglas, esta situación, ¿qué hace la máquina?— y el placer está en ver dónde se rompe el sistema.
Y la psicohistoria, que sostiene toda la Fundación, es la misma idea llevada a la escala de una galaxia: si hay suficiente gente, el comportamiento se vuelve predecible y el individuo no altera el rumbo.
Asimov escribe, en el fondo, sobre sociología con nombres de planeta.
Clarke mira hacia arriba
A Clarke las instituciones no le interesan lo más mínimo. Sus organizaciones son competentes y aburridas a propósito, porque son un trámite para llegar a lo que le importa: el encuentro con algo que nos supera.
Un objeto que entra en el sistema solar. Un monolito. Unas naves sobre las ciudades. La escena que Clarke persigue una y otra vez es la de un humano pequeño delante de algo enorme que no entiende y que probablemente no le tiene en cuenta.
Por eso sus personajes son planos: no le hacen falta. El protagonista real es la cosa grande.
La discusión de fondo, que es buena
Hay una contradicción entre los dos que casi nunca se señala y que hace que leerlos seguidos sea más interesante.
Asimov apuesta a que la historia es previsible: con bastante gente, la estadística manda y ningún individuo la desvía. Clarke apuesta a lo contrario: un solo encuentro, un solo objeto, una sola decisión, y la especie entera cambia de rumbo.
No es un matiz. Son dos apuestas opuestas sobre cómo funciona el mundo, defendidas por dos personas que se llevaban bien y se leían el uno al otro.
Con cuál empezar según cómo seas
Si disfrutas resolviendo problemas y te gusta pillar al autor en un fallo lógico, empieza por los relatos de robots de Asimov. Son cortos, son juegos limpios y se leen en el metro.
Si lo que te gusta de la ciencia ficción es la sensación de tamaño —esa cosa de quedarte mirando algo demasiado grande—, empieza por Cita con Rama de Clarke.
Y si no lo tienes claro, prueba los dos en una semana. Se nota enseguida cuál de los dos te está hablando a ti.
Lo que ninguno de los dos hace
Personajes de carne. Ni uno ni otro. Si vienes de la novela literaria y necesitas gente por dentro, los dos te van a parecer secos.
Para eso el género tiene otra tradición entera, la que abrió Le Guin y siguen muchas después. Pero eso es otro artículo.