Libros que te animan cuando estás de bajón

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Rincón de lectura con un libro abierto, una manta y una taza de té junto a una ventana con lluvia, luz cálida

El otro día tuve una de esas tardes de domingo en las que no pasa nada malo y aun así te pesa el cuerpo. No me apetecía nadie, ni serie, ni salir. Cogí un libro que tenía a medias, me metí en la cama a las seis y media de la tarde y, cuando quise darme cuenta, se me había pasado el nudo. No fue magia ni autoayuda: fue que alguien, desde otra página, me acompañó un rato sin pedirme que estuviera bien.

Por eso hoy te traigo mi lista de libros que animan de verdad. No hablo de manuales que te dicen «sé feliz en cinco pasos», que a mí esos me hunden más. Hablo de historias y voces que te sacan del pozo por la puerta de atrás: riéndote, emocionándote o simplemente sintiéndote menos solo. Los que me han funcionado a mí, sin postureo.

Qué busco en un libro cuando estoy de bajón

Antes de la lista, una idea que me ha ahorrado muchos fiascos. Cuando estás hundido, no todo vale. A mí un dramón denso me remata, y una comedia forzada me deja frío. Lo que funciona suele tener tres cosas: una voz cercana que te trate como a un amigo, algo de luz al final del túnel aunque el camino sea duro, y ritmo, para que no tengas que hacer esfuerzo de concentración que ahora mismo no tienes.

Con ese filtro he ido separando el grano de la paja. Estos son los que aguantan la prueba del bajón.

Mi lista de libros que animan (y por qué)

  • El club de los corazones solitarios, no; mejor Un hombre llamado Ove, de Fredrik Backman. Un viejo gruñón que ha decidido rendirse y una vecina embarazada que no le deja en paz. Empieza cascarrabias y termina rompiéndote por dentro, en el buen sentido. Es de esos libros que te recuerdan que la gente importa y que casi nunca estás tan solo como crees. Me reí y lloré en el mismo capítulo.
  • El guardián invisible, no; me refiero a Stoner, de John Williams. Sé que suena raro recomendar para el ánimo una novela sobre una vida corriente y silenciosa. Pero a mí me consuela precisamente por eso: te dice que una vida sin fuegos artificiales también merece la pena, que hacer bien tu trabajo y querer a tu manera ya es algo. Cuando estoy de bajón por sentirme «poca cosa», este me pone en paz.
  • La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows. Está contada en cartas, así que se lee volando. Va de un grupo de vecinos que inventan un club de lectura durante la ocupación alemana en la isla de Guernsey. Suena a drama y sin embargo desprende una calidez y un humor que abrigan. Ideal para leer con manta y té.
  • El asesinato de Roger Ackroyd, de Agatha Christie. A veces animarte no es ponerte profundo, es dejar de darle vueltas a tu cabeza. Un buen misterio de Christie te secuestra el cerebro de la mejor manera: quieres saber quién ha sido y se te olvida lo tuyo. Este en concreto tiene uno de los finales más comentados de la historia del género. Si nunca has entrado en la novela negra clásica, empieza por aquí.
  • Mortadelo y Filemón o cualquier cómic que te haga reír sin culpa. Lo digo en serio. Cuando estoy muy plano, la lectura «seria» me exige demasiado. Un tebeo, una novela gráfica ligera o el humor de toda la vida me devuelven la sonrisa antes que ningún ensayo sobre la felicidad. No hay lectura de segunda categoría cuando lo que necesitas es respirar.

El truco del que casi nadie habla: relee

Voy a confesarte algo. Cuando el bajón viene fuerte, casi nunca empiezo un libro nuevo. Releo. Vuelvo a un libro que ya sé que me va a cuidar, porque conozco el final y eso, en mitad de la incertidumbre, es un refugio. Para mí suele ser volver a alguna novela de la infancia o a un autor que me da seguridad.

Releer no es de vagos ni de gente sin imaginación. Es como llamar a un amigo de siempre en lugar de conocer a alguien nuevo un día que no tienes cuerpo para presentaciones. Si tienes ese libro tótem, ya sabes lo que te digo. Y si aún no lo tienes, mi consejo es que lo busques: alguno de esta lista puede acabar siéndolo.

Cómo leer cuando no te concentras

Otra cosa práctica, que el bajón viene con la cabeza dispersa. No te obligues a leer una hora seguida. Ponte diez minutos y para si quieres. Lee en voz baja si eso te ancla. Ten el libro a la vista, en la mesilla o el sofá, para que la tentación sea empezar a leer y no coger el móvil. Pequeños trucos que quitan presión.

Y no te machaques si un día no puedes con ninguna letra. Habrá tardes así, y no pasa nada. El libro te esperará. Precisamente esa es una de las cosas bonitas de la lectura frente a casi todo lo demás: nunca te reclama, siempre está.

Si esto de leer para sentirte mejor te ha resonado, quizá te interese lo que conté sobre las lecturas cortas para terminar en un día, perfectas cuando quieres la satisfacción de acabar algo. Y para las noches de mal cuerpo, también te dejé una lista de libros reconfortantes para releer que va muy en esta línea.

Cuéntame tú ahora. ¿Cuál es el libro al que vuelves cuando estás de bajón? Estoy segura de que hay uno. Nos leemos.

Librero Libre

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