Tolstói: ¿Guerra y paz o Anna Karénina? Por cuál empezar

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Dos novelas clásicas apiladas sobre un escritorio de madera junto a una taza de té, con luz cálida de invierno y estanterías al fondo

La primera vez que intenté con Tolstói abrí Guerra y paz por la mitad, en una edición con la letra minúscula, vi un árbol genealógico ruso con quince nombres que además cambian según quién hable, y lo cerré. Tardé dos años en volver. Y cuando volví, no volví por ahí: empecé por Anna Karénina, y esa sí me atrapó desde la primera página. Así que si estás con la duda de Tolstói por dónde empezar, te voy a ahorrar mis dos años de rodeo.

La pregunta casi siempre se reduce a lo mismo: ¿los dos ladrillos, Guerra y paz o Anna Karénina? Y mi respuesta corta es que depende de qué clase de lector eres. La larga es esto que sigue.

Empieza por Anna Karénina si te mueven los personajes

Anna Karénina (1877) es, para mí, la puerta de entrada más amable a Tolstói. No porque sea corta (no lo es, ronda las 900 páginas según edición), sino porque su columna vertebral es sencilla de sostener en la cabeza: dos historias de amor que avanzan en paralelo. Por un lado Anna, casada, que se enamora del conde Vronski y lo arriesga todo. Por otro Levin, un terrateniente torpe y honesto que busca a Kitty y, de paso, el sentido de su propia vida.

Lo que hace que enganche es que Tolstói entra en la cabeza de la gente como nadie. Sabes qué siente Anna cuando entra en un salón y todos fingen no mirarla. Sabes por qué Levin es feliz segando el heno con sus campesinos aunque no le haga ninguna falta. Esa famosa frase de apertura —«Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su manera»— no es un adorno: es literalmente el plano de la novela.

Si eres de los que leen por los personajes, por meterse en una vida ajena y no querer salir, empieza aquí. Vas a sufrir con Anna y vas a envidiar la calma de Levin, y las dos cosas te van a durar semanas después de terminar.

Empieza por Guerra y paz si te va el fresco enorme

Guerra y paz (1869) es más ambiciosa y, siendo justos, más exigente. Cuenta la invasión napoleónica de Rusia a través de varias familias de la aristocracia: los Bezújov, los Bolkonski, los Rostov. Pierre buscando a tientas cómo vivir, el príncipe Andréi buscando la gloria y desengañándose de ella, Natasha creciendo de niña a mujer en mitad de la guerra.

Lo que asusta de este libro no es la trama, es el envoltorio: los nombres rusos (cada personaje tiene nombre, patronímico, apellido y varios apodos), los pasajes en los que Tolstói para la narración para filosofar sobre la Historia, y la pura extensión. Pero por debajo de eso late una de las novelas más vivas que se han escrito. Los bailes, las batallas, la primera vez que alguien mira el cielo tumbado en un campo y siente que nada de lo que le importaba importa.

Mi consejo si arrancas por aquí: no intentes memorizar a nadie al principio. Deja que los personajes se te vayan quedando solos, como en una comida familiar donde al rato ya sabes quién es cada tío. Y usa una edición con el listado de personajes al principio, que ayuda más de lo que parece.

Un truco: la escena del baile

Si dudas, lee solo el primer baile de Natasha, esté donde esté en tu edición. Si esas páginas te ponen, el libro es tuyo. Si te resbalan, quizá este no sea tu Tolstói de entrada y te convenga más Anna.

¿Y si no quiero un ladrillo todavía?

Perfectamente legítimo. Hay una tercera vía para saber por dónde empezar con Tolstói sin comprometerte con mil páginas: sus relatos y novelas cortas. La muerte de Iván Ilich es probablemente lo más redondo que escribió en formato breve. Un hombre corriente descubre que se está muriendo y, con él, descubre que no ha vivido de verdad. Se lee en una tarde y te deja tocado durante mucho más.

También está Hadyi Murad, una novela corta tardía, seca y magnífica sobre un guerrero checheno, que Harold Bloom llegó a considerar de lo mejor de toda la narrativa. Cualquiera de las dos te dice, en pocas páginas, si la voz de Tolstói conecta contigo antes de meterte en las grandes.

  • Vas por personajes y quieres emoción: Anna Karénina.
  • Quieres el fresco histórico total y no te asusta el volumen: Guerra y paz.
  • Quieres probar antes de invertir semanas: La muerte de Iván Ilich.

Un apunte sobre la edición (esto importa más de lo que crees)

Con Tolstói la traducción no es un detalle menor. En español, las ediciones de Alba Editorial (con traducción de Víctor Gallego) y las de Alianza tienen muy buena fama y respetan el ritmo del original. Huye de las versiones abreviadas o de saldo: parte de la magia de Tolstói está en su respiración larga, y una traducción apresurada te la quita.

Si lees en digital, lo bueno es que puedes tocar una palabra y ver quién es cada personaje, lo que resuelve casi todo el lío de los nombres. Si eres de papel, elige una edición con buen interlineado y notas: tus ojos y tu paciencia te lo agradecerán a partir de la página 300.

Si después de Tolstói te quedas con ganas de más literatura rusa, por aquí te dejé mi guía para empezar con Dostoievski sin agobiarte, que es el otro gran nombre con el que la gente se atasca. Y si lo tuyo es simplemente perderle el miedo a los tochos, este otro sobre cómo leer clásicos rusos sin abandonar a la mitad va justo de eso.

Entonces, ¿por cuál empiezo?

Si me obligas a mojarme: empieza por Anna Karénina. Tiene la puerta más ancha, engancha antes y te prepara el oído para la ambición de Guerra y paz, que idealmente lees después, cuando ya confías en que Tolstói no te va a soltar. Los dos son de esos libros que no se leen, se habitan. Y ninguno de los dos se lee con prisa: reserva un par de meses, lee un poco cada día y deja que la novela mande. Ya me contarás por cuál te decidiste.

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