Angélica Gorodischer: por dónde empezar a la argentina que tradujo Le Guin

13

Hay un gesto que dice más que cualquier reseña. Cuando Ursula K. Le Guin quiso que los lectores en inglés pudieran leer a Angélica Gorodischer, no buscó traductora: la tradujo ella.

Quién era

Angélica Gorodischer es la precursora de la ciencia ficción en Argentina y, por extensión, una de las figuras que abre el género en el continente. Escribió durante décadas, con una docena de novelas y muchísimos relatos, en un momento y un país donde dedicarse a esto no daba ni prestigio ni dinero.

Lo que hizo distinto fue no imitar. La ciencia ficción que llegaba traducida venía con su mobiliario puesto: naves, imperios galácticos, ingenieros resolviendo averías. Ella cogió las herramientas y las usó para otra cosa.

Kalpa Imperial, que es por donde hay que entrar

Kalpa Imperial es de 1983 y cuenta la historia de un imperio que no existe. No la cuenta un narrador: la cuentan varios, a trozos, como quien recoge leyendas de oídas en distintos siglos. Un capítulo es la historia de un emperador; otro, la de una ciudad; otro, la de un oficio.

No hay trama que seguir ni personajes que recordar. Eso, que en otro libro sería un defecto, aquí es la forma. Estás leyendo cómo un imperio se cuenta a sí mismo, y los imperios se cuentan a trozos y con contradicciones.

Se puede abrir por cualquier página. Yo lo recomendaría leer sin prisa, un capítulo por sentada, porque leído del tirón se aplana.

Por qué la tradujo Le Guin

Tiene sentido si conoces a las dos. Le Guin llevaba media vida escribiendo mundos donde lo importante no era la tecnología sino la manera en que la gente organiza su convivencia: el género, el poder, el lenguaje. Gorodischer estaba haciendo lo mismo desde el otro hemisferio y sin conocerse.

Que la traducción la firme Le Guin no es una anécdota de contraportada. Es la prueba de que este libro se leyó, en su momento, como lo que era: literatura del género escrita al nivel de los mejores.

Qué no esperar

Seré honesto, porque este blog es para eso. Si lo que buscas es ciencia ficción de la que empuja —una amenaza, un plazo, una nave que hay que arreglar—, este no es tu libro. Gorodischer va despacio y no tiene ninguna intención de que pases páginas deprisa.

Y si vienes de la fantasía de mapas y genealogías, tampoco: aquí no hay sistema mágico que aprender ni continente que memorizar.

Lo que hay es una voz. Una voz muy buena, que se toma su tiempo y que sabe contar la caída de una civilización en cuatro páginas sin levantar la voz.

Si te gusta, por dónde seguir

Dentro de su obra, lo natural es seguir por sus relatos, que es donde estuvo más suelta. Y fuera de ella, si Gorodischer te ha funcionado, el paso lógico es la propia Le Guin: no por la deuda, sino porque las dos escriben desde la misma pregunta.

Librero Libre

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *