Ciudad de México en la ciencia ficción: treinta años imaginando la misma ciudad

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Hay ciudades que la ciencia ficción ha usado hasta gastarlas: Tokio, Los Ángeles, Nueva York. Y hay una que lleva treinta años apareciendo en el género y de la que casi no se habla fuera de su país.

1993, y el ciberpunk llega en español

La primera calle de la soledad, de Gerardo Horacio Porcayo, se publicó en 1993 en el Fondo Editorial Tierra Adentro y está considerada la primera novela ciberpunk iberoamericana. No una imitación tardía: la primera.

Porcayo nació en Cuernavaca en 1966 y escribió aquello cuando el ciberpunk todavía era una cosa reciente incluso en inglés. El libro ha tenido tres vidas: la edición original, una reedición en 1997 y otra en 2020, ya en una editorial grande. Que un libro de género de hace treinta años se reedite tres veces dice bastante.

Por qué el género eligió esa ciudad

El ciberpunk clásico necesita una cosa concreta: una ciudad enorme donde la tecnología más avanzada y la precariedad más absoluta convivan en la misma calle. Los escritores anglosajones la buscaron en un Tokio imaginado desde fuera.

En México no había que imaginarla. Estaba ahí.

Y hay una fecha que ayuda a entender el momento: la ola mexicana del ciberpunk crece justo después de 1994, con la apertura comercial. Un país entero discutiendo qué pasa cuando la tecnología y el capital de fuera entran de golpe, y un grupo de escritores convirtiéndolo en ficción. No es casualidad que el género prendiera ahí y entonces.

Quiénes son

Alrededor de Porcayo se movió un grupo con nombre propio: José Luis Zárate, Gerardo Sifuentes, José Luis Ramírez y Bernardo Fernández, «Bef». No hicieron ciberpunk traducido: lo adaptaron, metiendo dentro lo que en México significaba de verdad la tecnología, la frontera y el dinero de fuera.

Bef es probablemente el más fácil de encontrar hoy. Viene también del cómic y de la novela negra, y esa mezcla se le nota: sus futuros tienen estructura de policiaco, con un caso, un tipo que investiga y una ciudad que no ayuda.

Lo que hace distinta a esta ciudad futura

En el ciberpunk de importación, la megaciudad es un decorado: sirve para que llueva y para que haya anuncios de neón. En el mexicano, la ciudad es el conflicto. No hay que explicar por qué alguien vive mal a tres calles de una torre de cristal, porque eso el lector ya lo ha visto esa mañana.

Eso le quita al género una de sus muletas —la sorpresa de la desigualdad— y le obliga a buscar otra cosa. Normalmente, gente.

Si quieres empezar

Empieza por La primera calle de la soledad, que además ahora se encuentra. Léela sabiendo la fecha: 1993. La mitad de lo que hoy nos parece habitual en el género no lo era entonces, y menos escrito en español.

Después, cualquier cosa de Bef. Y si te pica la curiosidad por el momento, busca la antología del ciberpunk mexicano de los noventa: es de esos casos raros en que un grupo pequeño de gente hizo escuela en muy pocos años.

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