
La última vez que cogí un vuelo largo metí en la mochila un tocho de 800 páginas del que llevaba meses presumiendo que iba a leer. ¿El resultado? Lo abrí en la puerta de embarque, leí catorce páginas, me distraje con el carrito de las bebidas y no lo volví a tocar hasta que aterricé. Ese libro no era el problema: el problema era el sitio. Un avión no es un sofá. Es ruido blanco, un vecino que respira fuerte y una bandeja diminuta. Y ahí solo funciona un tipo concreto de lectura.
Por eso llevo años afinando mi lista de novelas para el avión: libros que te agarran en la primera página, que no te sueltan aunque te interrumpan cada veinte minutos y que, con suerte, cierras justo cuando encienden el cartel del cinturón. Ni más largos ni más cortos de la cuenta. Estos son los que a mí no me han fallado.
Qué hace buena a una novela para el avión
Antes de la lista, un par de reglas que uso para elegir. Me han ahorrado muchos aterrizajes con el libro por la mitad y las ganas ya perdidas.
- Que enganche rápido. En un avión no tienes cien páginas de cortesía. Si el capítulo uno no te atrapa, te atrapa la película del asiento de al lado.
- Capítulos cortos. El «venga, uno más» es tu mejor aliado cuando llevas cuatro horas de vuelo. Los ladrillos de cincuenta páginas por capítulo no perdonan las interrupciones.
- Que se acabe. Ni saga de diez tomos ni final abierto que te deja colgado a 10.000 metros. Quieres empezar y terminar dentro del mismo billete.
- Que no te haga llorar en público. Opcional, pero el asiento 23C no es sitio para desmoronarse. Aunque cada uno es libre.
Cinco novelas para el avión que enganchan y se acaban
1. «Perdida», de Gillian Flynn
Si solo pudiera llevarme una, sería esta. Amy desaparece el día de su aniversario y su marido queda bajo sospecha. Lo que parece un thriller de manual se convierte en un juego de espejos donde no te puedes fiar de nadie que narre. Los capítulos alternan voces y son cortos, así que el «una página más» es casi involuntario. Yo la empecé en Barajas y la cerré antes de recoger la maleta.
2. «El silencio de los corderos», de Thomas Harris
Un clásico que aguanta cualquier relectura. Clarice Starling, aún en formación en el FBI, tiene que ganarse la ayuda de Hannibal Lecter para atrapar a otro asesino. La tensión de las conversaciones entre ellos es de las mejores que se han escrito, y el ritmo no baja nunca. Es de esos libros en los que se te va el vuelo sin enterarte.
3. «El día que se perdió la cordura», de Javier Castillo
Thriller español que fue un fenómeno de boca a boca, y con motivo. Empieza con una imagen tan bestia (un hombre cruzando un campus con la cabeza de una chica en las manos) que no puedes no seguir leyendo. Castillo escribe pensando precisamente en que no sueltes el libro: capítulos brevísimos y cortes en el peor momento posible. Adicción pura para un trayecto.
4. «Y entonces no quedó ninguno», de Agatha Christie
Diez desconocidos atrapados en una isla, y uno a uno van muriendo siguiendo una vieja canción infantil. Si nunca has leído a Christie, este es el mejor sitio para empezar: es su novela más redonda y una de las más vendidas de la historia. Cortita, endiablada y con un final que da ganas de volver a la página uno para ver cómo te la coló. Cabe entera en un vuelo de media distancia.
5. «La verdad sobre el caso Harry Quebert», de Joël Dicker
Esta es la excepción a mi regla de la brevedad, porque es gorda. Pero la incluyo porque engancha como pocas: un escritor bloqueado investiga un crimen de hace décadas en un pueblo de Nueva Inglaterra, y cada capítulo destapa una capa nueva. Es perfecta para vuelos transoceánicos, esos en los que necesitas combustible para diez horas. Se lee sola.
Un par de trucos para no fallar en el aeropuerto
Elegir bien el libro es media batalla. La otra media es logística de andar por casa, pero se agradece cuando estás allí.
- Lleva bolsillo o e-reader. Un tapa dura no cabe en la bandeja con el café al lado. El formato de bolsillo se lee con una mano; el lector electrónico, en la oscuridad de un vuelo nocturno, es oro.
- Empieza en la sala de embarque. Si el libro no te ha enganchado antes de despegar, cambia de plan mientras aún tienes cobertura para descargar otro.
- Ten un plan B. Yo siempre llevo dos. Hay días en que un thriller no entra y te pide el cuerpo algo más ligero.
Si lo que buscas es precisamente eso, algo que no pese en la cabeza, te dejé mi lista de novelas cortas para engancharte, que comparten mucho ADN con estas. Y si viajas con más tiempo del que crees y te apetece meterte en algo grande, échale un ojo a las mejores sagas para el verano: no son de avión, pero sí de tumbona.
Y tú, ¿qué te llevas de viaje?
Al final, la novela perfecta para el avión es la que consigue que te olvides de que vas apretujado a 10.000 metros. Estas cinco lo hacen conmigo cada vez. Pero seguro que tú tienes la tuya, ese libro que devoraste en un vuelo y del que todavía te acuerdas. Cuéntamelo en los comentarios: siempre ando buscando el siguiente para meter en la mochila antes de embarcar.