
La primera vez que abrí un libro japonés lo cerré a las diez páginas. Era «1Q84» de Murakami, alguien me lo había regalado y yo esperaba una trama que corriera, y en cambio me encontré a una mujer bajando por la escalera de emergencia de una autopista sin que pasara gran cosa. Tardé dos años en volver. Y cuando volví, entré por otra puerta mucho más pequeña, y ahí todo cambió. Si te pasa lo mismo, que la literatura japonesa contemporánea te atrae pero no sabes por dónde meterle mano, esta lista es exactamente lo que a mí me hubiera venido bien entonces.
No la he ordenado por calidad ni por prestigio. La he ordenado por facilidad de entrada: de lo más accesible a lo más exigente. Empieza por arriba y ve bajando cuando el cuerpo te lo pida.
Por dónde empezar de verdad con la literatura japonesa contemporánea
1. «La dependienta», de Sayaka Murata
Si solo vas a leer uno, que sea este. Es corto, se lee en una tarde y te deja tocado. Keiko lleva media vida trabajando en un konbini, una de esas tiendas 24 horas, y no entiende por qué el mundo espera de ella otra cosa: pareja, ambición, una vida «normal». Murata escribe con una frialdad rarísima que de pronto te hace mucha gracia y un segundo después te incomoda. Es la mejor introducción posible: japonés hasta la médula, pero universal.
2. «Kitchen», de Banana Yoshimoto
Un clásico moderno que aguanta perfectamente. Va del duelo, de la comida como refugio y de familias que se construyen a base de gente rota que se encuentra. Yoshimoto tiene una prosa ligera, casi de diario adolescente, que engaña: por debajo hay una tristeza muy adulta. Se publicó en 1988 y sigue siendo el libro que más recomiendo a quien viene de leer novela occidental y quiere notar el cambio de temperatura sin marearse.
3. «El cielo es azul, la tierra blanca», de Hiromi Kawakami
Una mujer de treinta y muchos se reencuentra en una taberna con su antiguo profesor de instituto, ya mayor. Y poco a poco, entre sake y platos de temporada, nace algo. No esperes fuegos artificiales: aquí el argumento son las estaciones, los silencios y lo que no se dicen. Es de esos libros que se leen despacio a propósito. Si vienes con prisa, este te va a enseñar a soltarla.
4. «Antes de que se enfríe el café», de Toshikazu Kawaguchi
Lo meto porque es la puerta de entrada más amable que conozco y porque engancha a gente que jura no leer nunca. En una cafetería de Tokio puedes viajar al pasado, pero con reglas: nada cambiará el presente y tienes que volver antes de que se enfríe el café. Suena a truco y en parte lo es, pero funciona. Es sentimental sin vergüenza. Un buen regalo para alguien a quien quieres enganchar a la lectura.
5. «La fórmula preferida del profesor», de Yōko Ogawa
Un antiguo profesor de matemáticas cuya memoria dura solo ochenta minutos, su asistenta y el hijo de esta. Cada día empieza de cero, y aun así entre ellos crece un vínculo que no necesita recuerdos para sostenerse. Ogawa es una de las grandes voces vivas de Japón y aquí está en su versión más cálida. Ojo, que la misma autora tiene libros mucho más oscuros, como «La policía de la memoria»; a esos yo llegaría después.
6. «Pechos y huevos», de Mieko Kawakami
Esta ya es harina de otro costal, y por eso va la última. Kawakami escribe sobre cuerpos de mujer, clase social, maternidad y dinero con una crudeza que no suaviza nada. La primera parte es casi perfecta. Es la más literaria y ambiciosa de la lista, la que te pide estar despierto. Cuando llegues aquí, ya no serás un turista en la literatura japonesa: estarás dentro.
Tres cosas que ojalá me hubieran dicho antes
- El ritmo es otro. Muchas de estas novelas no van hacia un clímax, van hacia un estado de ánimo. No es que no pase nada; es que pasa por dentro. En cuanto lo aceptas, disfrutas el doble.
- La traducción importa mucho. Fíjate en quién traduce. En español tenemos traducciones excelentes del japonés, y editoriales como Alianza, Tusquets o Seix Barral han cuidado mucho estos títulos. Un buen traductor te cambia el libro.
- No confundas contemporáneo con clásico. Mishima o Kawabata son maravillosos, pero son otra época y otro tono. Si empiezas por ellos esperando lo de esta lista, te vas a llevar un chasco. Cada cosa a su tiempo.
Yo hoy tengo una balda entera dedicada a Japón, y todo empezó por «La dependienta» prestada por una amiga. Si quieres seguir tirando del hilo, te dejo mi guía de novelas cortas para empezar a leer, porque casi todo lo de arriba entra por ahí, y también un repaso a libros para leer despacio, que es exactamente el músculo que pide esta literatura.
Empieza por el primero. Léelo esta semana. Y luego me cuentas por cuál seguiste, que esas conversaciones son mis favoritas.