Edna O’Brien ha muerto a los 93 años en su casa de Londres, tras una larga enfermedad. Era una de las grandes novelistas irlandesas del siglo XX, autora de una obra que recorrió cada cambio en la condición femenina europea desde finales de los 50 hasta ayer mismo, y figura emblemática de la literatura irlandesa contemporánea junto con John McGahern, Seamus Heaney y John Banville.
La novela que la cambió todo
En 1960, con 30 años, O’Brien publicó Las chicas del campo (The Country Girls). La novela sigue a dos amigas, Kate y Baba, que crecen en la Irlanda rural católica de los 50 y se trasladan a Dublín. Hay sexualidad, hay rebeldía, hay una mirada irónica sobre la Iglesia y el matrimonio.
El libro fue prohibido en Irlanda. La Iglesia católica lo quemó públicamente en la parroquia natal de la autora. La madre de O’Brien tachó con tinta los pasajes que le parecían escandalosos en su ejemplar. El gobierno irlandés mantuvo la prohibición durante años.
O’Brien siguió escribiendo y completó la trilogía con La chica de ojos verdes (1962) y Chicas felizmente casadas (1964). Las tres novelas hoy son lectura obligada en cualquier curso de literatura irlandesa.
Cuatro lecturas para entrar
La trilogía de las chicas del campo (1960-1964)
Empieza por la primera novela. Las tres juntas se leen rápido y son una de las grandes experiencias de lectura de la novela irlandesa contemporánea.
La luz de la tarde (1972)
Una de sus novelas más oscuras y mejores. Sobre el deseo, la soledad y la pequeña ciudad irlandesa que no perdona nada.
La pequeña silla roja (2015)
Sorprendentemente moderna y feroz: una pequeña ciudad irlandesa acoge a un curandero balcánico que resulta ser un criminal de guerra fugitivo. O’Brien con 85 años escribió esta novela que algunos consideran su obra mayor.
Madre Irlanda (1976)
Su libro autobiográfico, mezcla de memoria, reportaje y reflexión sobre la Irlanda que la marcó. Lectura imprescindible para entender de dónde viene su obra.
Lo que queda
O’Brien escribió durante seis décadas sobre lo que las mujeres irlandesas no podían decir: la sexualidad, la culpa católica, los matrimonios infelices, la maternidad ambivalente, el deseo de irse. Fue criticada, censurada, ridiculizada por su propio país durante años. Vivió para ver cómo Irlanda se transformaba y, con esa transformación, su obra pasaba de prohibida a canónica.
Se va una pionera. Sus libros siguen iluminando lugares que no se podían iluminar antes que ella. Y eso, en literatura, es la mayor herencia posible.

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