Cien años sin Kafka: por qué su obra sigue marcando la literatura del siglo

El 3 de junio de 1924, en el sanatorio de Kierling cerca de Viena, murió Franz Kafka, a los 40 años, de tuberculosis. Cien años exactos después, su obra es una de las más influyentes y leídas del siglo XX, a pesar de que en vida publicó apenas un puñado de cuentos y nunca terminó ninguna de sus tres novelas mayores. Lo que conocemos como «Kafka» es, en gran medida, lo que Max Brod, su amigo y albacea, decidió no destruir.

La paradoja Kafka

Kafka pidió expresamente en su testamento que se destruyeran sus manuscritos inéditos. Max Brod hizo exactamente lo contrario: publicó El proceso, El castillo, América, sus diarios, sus cartas. Sin esa desobediencia, la literatura mundial sería distinta. Sin Kafka publicado, no hay Borges como lo conocemos, no hay Beckett, no hay Coetzee, no hay buena parte de la novela europea del siglo XX.

Brod hizo bien en desobedecerlo. Y al hacerlo, planteó uno de los grandes debates éticos del oficio editorial: ¿se puede traicionar a un autor para salvar su obra? En el caso de Kafka, la respuesta histórica es sí.

Por dónde empezar a leerlo

La metamorfosis (1915)

El relato que todos conocen y que casi nadie ha leído entero. Gregor Samsa despierta convertido en un insecto. La novela corta —cincuenta páginas— sigue siendo una de las introducciones perfectas a Kafka. Toda su obra está condensada ahí: la angustia, la familia, el cuerpo, la culpa, el absurdo.

El proceso (publicada póstuma en 1925)

Josef K. es arrestado una mañana sin que se le diga de qué se le acusa. La novela sigue su intento de defenderse de un sistema judicial que nunca explicita el cargo. Kafka anticipó en 1914-15 la maquinaria burocrática del siglo XX. Lectura imprescindible.

El castillo (publicada póstuma en 1926)

K. llega a un pueblo dominado por un castillo cuya autoridad nunca llega a alcanzar. Más densa que El proceso, también más rica. Para lectores ya entrenados.

Los cuentos

En la colonia penitenciaria, Un médico rural, La condena, Ante la ley, Informe para una academia. Cualquiera basta para entender por qué Kafka cambió el cuento moderno.

Por qué su obra no envejece

Tres razones se nombran siempre:

  1. La burocracia. Cuanto más burocratizada se ha vuelto la vida moderna, más vigente es Kafka. Las pesadillas administrativas que él imaginó son hoy nuestra realidad cotidiana.
  2. El cuerpo como problema. La metamorfosis, las enfermedades, los castigos físicos. Kafka habló del cuerpo como lugar de angustia mucho antes de que la cultura contemporánea hiciera lo mismo.
  3. La culpa sin causa. Sus personajes se sienten culpables sin saber de qué. Es probablemente la experiencia más universal del siglo XX. Y del XXI.

Cien años después, leer a Kafka sigue siendo una experiencia incómoda y reveladora. Cualquiera de sus cuentos cortos basta para sentirlo. Si no lo has hecho, este aniversario es la excusa.

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