El 12 de febrero de 1984 moría en París Julio Cortázar, con 69 años, víctima de leucemia. Cuarenta años después, su obra sigue ganando lectores en cada generación que se asoma. Es el autor del Boom latinoamericano que mejor envejece: porque sus juegos formales no envejecen, porque su melancolía nunca pesa demasiado, porque su humor sigue funcionando.
Cinco libros para volver a Cortázar en este aniversario.
Rayuela (1963)
La novela. Si nunca la has leído, este es el momento. Si la leíste en su día, vuelve: cada relectura es otro libro. Hace pocos meses celebramos sus 60 años, pero aquí está el aviso de que es el primer libro al que uno vuelve cuando piensa en Cortázar.
Bestiario (1951)
Su primer libro de cuentos. Donde aparecen ya «Casa tomada», «Carta a una señorita en París», «Las puertas del cielo». Si quieres entender por dónde empezó todo, este es el libro.
Historias de cronopios y de famas (1962)
Lo más juguetón de Cortázar. Microrrelatos sobre tres especies imaginarias (cronopios, famas, esperanzas) y una serie de instrucciones absurdas («Instrucciones para subir una escalera», «Instrucciones para llorar»). Lectura corta, lectura feliz, lectura que se relee.
Final del juego (1956)
Su libro de cuentos mejor calibrado. Incluye «La autopista del sur», «Continuidad de los parques», «El río». Cualquiera de los tres bastaría para considerar a Cortázar un maestro del cuento. Aquí están los tres juntos.
El libro de Manuel (1973)
Su novela más política. Cortázar y la militancia argentina en el París de los 70: un grupo de exiliados planea el secuestro de un alto funcionario. La novela mezcla la trama con recortes de prensa, cartas, fragmentos teóricos. Más experimental que Rayuela y menos amable. Pero, leída hoy, fascinante.
Lo que queda
Cortázar enseñó a la novela en español a jugar. No solo con la forma (el orden, los saltos, las citas, los hipertextos avant la lettre) sino también con el tono: a no tener miedo del humor, del fantástico, de mezclar lo culto con el jazz, lo intelectual con la calle.
Cuarenta años después, casi cualquier escritor latinoamericano joven que valga la pena tiene a Cortázar en algún sitio de su biblioteca. Y casi cualquier lector serio recuerda dónde estaba la primera vez que abrió Rayuela.
Si todavía no eres uno de ellos, este aniversario es la mejor excusa.

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