Paul Auster ha muerto: cinco libros para entrar a la voz mayor de la novela neoyorquina

Paul Auster ha muerto a los 77 años en su casa de Brooklyn, tras una larga enfermedad. Era uno de los novelistas estadounidenses más leídos fuera de Estados Unidos —en Francia y en España, especialmente— y autor de una de las obras más reconocibles de la novela norteamericana contemporánea: prosa precisa, tramas en torno al azar, narradores que dudan, Nueva York como personaje constante.

Auster era casado con la novelista Siri Hustvedt. Su hijo Daniel había muerto en 2022. Su biografía de los últimos años fue dolorosa. Su literatura siguió.

Cinco lecturas para entrar

Trilogía de Nueva York (1985-1986)

Las tres novelas que lo lanzaron: Ciudad de cristal, Fantasmas, La habitación cerrada. Novelas «metafísicas» con apariencia de novela negra. Cada una corta. Las tres juntas, una de las grandes experiencias de lectura de la novela americana del siglo XX. Si no has leído nunca a Auster, empieza aquí.

El Palacio de la Luna (1989)

Su novela más amada por muchos lectores. Un joven huérfano en el Nueva York de los 60 hereda un misterio familiar y se mete en el desierto de Utah. Aventura, melancolía, búsqueda. Cubre los grandes temas auster: el azar, la identidad, la pérdida.

Leviatán (1992)

Otra novela mayor. Un escritor investiga la vida de su amigo, un terrorista que ha muerto al explotarle una bomba que él mismo fabricaba. Política, amistad, escritura. PEN/Faulkner Award.

La invención de la soledad (1982)

Su primer gran libro, antes de la Trilogía. Una memoria sobre la muerte de su padre y la propia paternidad. Ensayo personal en su mejor forma. Buena lectura si quieres conocer al Auster ensayista.

4 3 2 1 (2017)

Su novela más ambiciosa: la vida de un mismo protagonista contada en cuatro versiones distintas, en función de pequeñas decisiones iniciales que se bifurcan. 900 páginas. Para fans, lectura imprescindible. Para entrar, mejor más adelante.

Lo que queda

Auster fue durante cuarenta años una de las pocas voces capaces de combinar lo intelectual con lo accesible. Sus novelas se podían leer como entretenimiento (siempre tienen trama, misterio, vértigo) y como literatura (siempre piensan, dudan, se preguntan qué es contar una historia).

Ese equilibrio, raro en cualquier época, se va con él. Y queda invitación clara: leer o releer la Trilogía de Nueva York. Sigue siendo la mejor puerta a uno de los grandes novelistas estadounidenses de las últimas décadas.

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