
El mejor verano que recuerdo lo pasé enganchado a un solo libro de más de mil páginas. Empecé la primera semana de julio en una tumbona con la crema solar corriéndose por el lomo, y terminé a mediados de agosto sin haber tocado ninguna otra cosa. No cambié de libro ni una vez. Y esa es exactamente la sensación que persigo cuando busco mis lecturas de verano: novelas largas para la tumbona que me duren, que no se acaben al segundo día y me dejen otra vez de rebajas en la caseta del pueblo.
Porque el verano tiene una cosa buena que el resto del año nos escatima: tiempo. Tiempo de verdad, en bloques grandes, sin la reunión de las cinco esperando. Y a mí, tanto tiempo seguido me pide libros gordos. Los que en octubre me dan pereza, en julio me piden a gritos que me tumbe con ellos.
Por qué en verano toca leer novelas largas
Una novela larga necesita un lector que no tenga prisa. Durante el curso lees a saltos: veinte páginas en el metro, diez antes de dormir. Así, un tocho de ochocientas páginas se te hace eterno y acabas olvidando quién era el primo del protagonista. En verano, en cambio, puedes tirarte tres horas del tirón bajo la sombrilla, y entonces esos libros enormes se convierten en lo que deben ser: un mundo entero en el que te metes a vivir.
Yo lo noto en el cuerpo. Con un libro largo y bueno dejo de mirar el móvil, se me pasan las horas y hasta se me olvida darme la vuelta para no quemarme. Si buscas ese efecto, aquí va mi lista, probada en tumbona.
Mi lista de novelas largas para el verano
«Los pilares de la Tierra», de Ken Follett
Si solo puedes fiarte de una recomendación, que sea esta. Follett cuenta la construcción de una catedral en la Inglaterra medieval y consigue que pasar mil páginas de piedra, obispos y albañiles te enganche como un thriller. Hay traiciones, hambre, amor y venganza. Es el libro que le regalo a la gente que dice que «ya no lee». Nunca me ha fallado.
«La sombra del viento», de Carlos Ruiz Zafón
Una Barcelona de posguerra, el Cementerio de los Libros Olvidados y un chaval que se obsesiona con un autor maldito. No es tan ladrillo como otros de la lista, pero se lee de una sentada larga y tiene esa atmósfera de misterio que pide sombra y limonada. Si te gusta, tienes tres continuaciones más para no salir del universo en todo agosto.
«El conde de Montecristo», de Alejandro Dumas
La mejor historia de venganza jamás escrita, y encima es un folletín del siglo XIX que se lee solo. Edmond Dantès entra inocente en la cárcel, sale rico y disfrazado, y dedica el resto del libro a destrozar metódicamente a quienes lo traicionaron. Son más de mil páginas y no sobra ni una. Busca una edición íntegra, no las recortadas: en verano lo que sobra es tiempo.
«Cien años de soledad», de Gabriel García Márquez
No es el más largo de la lista, pero pide calma porque es un río de nombres y generaciones. Yo lo releo cada pocos veranos y siempre encuentro algo nuevo. Macondo se disfruta mejor con calor, con esa sensación de que el tiempo se estira. Un consejo de amigo: apúntate el árbol genealógico de los Buendía en la primera página y agradécemelo luego.
«Patria», de Fernando Aramburu
Si prefieres algo cercano y contemporáneo, este es tu ladrillo. Dos familias del País Vasco rotas por el terrorismo de ETA, contadas desde dentro y sin trampas. Son más de seiscientas páginas que se pasan volando porque los capítulos son cortos y te dejan con ganas del siguiente. Avisado quedas: engancha, pero no es lectura para desconectar del todo.
Cómo elegir tu tocho de este verano
Mi único criterio infalible es este: abre el libro por una página cualquiera del medio y lee un par de párrafos. Si te apetece seguir sin saber siquiera de qué va la escena, es tu libro. Si te cuesta, déjalo en la estantería para el invierno, cuando la exigencia baja.
- Empieza antes de irte. Lee las primeras cincuenta páginas en casa. Si a la playa te llevas un libro ya empezado, la inercia hace el resto.
- Uno gordo mejor que cinco finos. Cambiar de libro cada dos días rompe el hechizo. El verano es para sumergirse, no para picotear.
- Edición de bolsillo o e-reader. Un tocho en tapa dura pesa lo suyo en la maleta. Yo tiro de bolsillo manchado de arena, que no da pena.
Si quieres seguir tirando del hilo, te dejo con dos lecturas más de la casa: una sobre libros que enganchan desde la primera página, ideal si eres de los que abandonan a las treinta, y otra con mis mejores novelas históricas, por si lo de Follett te ha dejado con ganas de más piedra y espadas.
Nos leemos en la tumbona. Y si te terminas alguno antes de septiembre, cuéntamelo: no hay mejor plan que empezar el curso habiendo cerrado un ladrillo de esos que dejan huella.
Deja una respuesta