Alice Munro ha muerto a los 92 años en su casa de Ontario, Canadá. Era la cuentista más respetada en lengua inglesa de su generación y, desde 2013, Premio Nobel de Literatura. Una obra centrada casi exclusivamente en el cuento (apenas escribió novelas) que sin embargo le valió todos los reconocimientos posibles: Booker International, dos Giller Prize, el Nobel.
Lo que hace única a Munro
Sus cuentos no parecen cuentos. Tienen la densidad temporal de novelas: cubren décadas, generaciones, vueltas y revueltas de la vida de un personaje. Pero los compactan en treinta o cuarenta páginas. Es como si cada cuento de Munro fuera una novela comprimida sin que el lector note la compresión.
Tres elementos que la definen:
- El sur de Ontario rural. Su territorio, igual que el de Faulkner era el sur estadounidense.
- Las mujeres. Casi todos sus protagonistas son mujeres en distintas edades, generaciones y momentos de la vida.
- El secreto. Cada cuento gira en torno a algo que un personaje no dice. Y al final, a veces, lo dice.
Cuatro libros para entrar
Las lunas de Júpiter (1982)
Su colección clave de los años 80. «Visitantes», «Bardon Bus», «Hard-Luck Stories»: cuentos donde Munro afina lo que sería su voz para siempre. Si nunca la has leído, empieza aquí.
Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio (2001)
Quizás su libro más perfecto. El cuento que da título da nombre también a una película (Hateship, 2013). Cada cuento es independiente y cada uno te deja en distinto sitio.
El amor de una mujer generosa (1998)
Premio Giller. Una de sus colecciones más amadas por lectores. El cuento «The Children Stay» es de los más conmovedores que escribió.
Mi vida querida (2012)
Su último libro, donde anunció que dejaba de escribir. Los últimos cuatro cuentos son autobiográficos, abiertamente. Un cierre voluntario de carrera del que ya casi nadie es capaz.
Lo que queda
Munro hizo durante medio siglo lo que pocos cuentistas modernos han logrado: convertir el cuento corto en territorio de literatura mayor, sin necesidad de saltar a la novela. Demostró que la forma breve podía sostener historias tan complejas como cualquier novela larga. Y, sobre todo, escribió desde Ontario rural con tal precisión que sus historias hablan a lectores de cualquier rincón del mundo.
Si nunca la has leído, este es un buen momento. Cuento a cuento, Munro se vuelve adictiva. Y se queda contigo.

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