Milan Kundera ha muerto a los 94 años en París, la ciudad donde vivió en exilio desde 1975. Era uno de los grandes novelistas europeos del último medio siglo y el escritor checo más leído fuera de Chequia. Una vida marcada por el exilio, la pérdida de la ciudadanía checa en 1979 (recuperada solo en 2019) y una obra que cruzó política, filosofía y novela como muy pocas.
De Praga a París
Kundera nació en Brno en 1929. Pasó la juventud bajo el comunismo, fue miembro y luego expulsado del Partido Comunista Checoslovaco. Tras la invasión soviética de 1968 sus libros fueron prohibidos. En 1975 emigró a Francia. A partir de los 80 dejó de escribir en checo y empezó a publicar directamente en francés. Esa transición lingüística marcó su obra tardía.
Tres novelas para entrar
La insoportable levedad del ser (1984)
Su novela más famosa. Praga, 1968. Una historia de amor entre un cirujano y una fotógrafa, atravesada por la invasión soviética, las reflexiones del propio narrador sobre el eterno retorno de Nietzsche, las infidelidades, los exilios. Adaptada al cine por Philip Kaufman. Si no has leído nunca a Kundera, empieza aquí.
El libro de la risa y el olvido (1979)
Una novela en siete partes que parecen relatos sueltos pero forman un todo. Sobre la memoria política, los regímenes que reescriben la historia, las pequeñas resistencias íntimas. La novela donde Kundera mejor articula su tema central: el peso de olvidar y el peso de recordar.
La inmortalidad (1990)
Su novela más libre, más experimental. La trama se mezcla con disquisiciones filosóficas sobre la imagen pública, el «yo», los amantes, Beethoven. Para lectores ya enganchados a Kundera, esta es la obra que mejor muestra lo que solo él podía hacer.
Lo que puedes saltarte (al principio)
- La identidad, La ignorancia y La fiesta de la insignificancia: sus últimas novelas, más cortas y filosóficamente más pulidas, pero menos potentes que las anteriores.
- Sus libros de ensayo (El arte de la novela, Los testamentos traicionados) son brillantes, pero mejor leerlos después de conocer su obra de ficción.
Lo que queda
Kundera fue de los pocos escritores que entendieron que la novela podía ser ensayo sin dejar de ser novela. Sus narradores se interrumpen para reflexionar sobre lo que cuentan, sus personajes son al mismo tiempo seres vivos y experimentos filosóficos, sus tramas avanzan en círculos que se cierran de forma inesperada.
Eso —la novela que también piensa— es lo que se va con él. Y queda como invitación para una nueva lectura: si no has leído La insoportable levedad del ser, es el momento.

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