Cormac McCarthy ha muerto: cinco libros para entender al gran novelista americano

Cormac McCarthy ha muerto a los 89 años en su casa de Santa Fe, Nuevo México. Se va uno de los grandes novelistas norteamericanos del último medio siglo, autor de algunas de las páginas más duras y más bellas escritas en inglés en este tiempo.

McCarthy nunca quiso dar entrevistas, no recogió premios en persona, vivía retirado entre Texas y Nuevo México y publicaba con largos silencios entre libros. Su última novela, El pasajero, apareció en 2022, dieciséis años después de La carretera.

Cinco libros para entenderlo

La carretera (2006)

El más leído. Un padre y un hijo cruzan Estados Unidos en un mundo postapocalíptico. Frases cortas, sin nombres, sin comillas, con un final que rompe. Pulitzer 2007. Si no has leído nunca a McCarthy, empieza aquí.

No es país para viejos (2005)

La novela que adaptaron los hermanos Coen. Una persecución por la frontera de Tejas tras un atraco fallido al narco. Personajes legendarios: Anton Chigurh, el sheriff Bell. Mejor que la película, que ya es decir.

Meridiano de sangre (1985)

Su obra mayor. La conquista del oeste contada como una pesadilla bíblica: una banda de cazadores de cabelleras recorre la frontera con México. Violencia extrema, prosa de Cormac en pleno apogeo. No para todos. Para los que aguantan, una experiencia que no se olvida.

Hijo de Dios (1973)

Su novela más perturbadora. Un hombre solitario en los Apalaches desciende a la barbarie. McCarthy joven, en pleno proceso de descubrir su voz. Cortita pero brutal.

Suttree (1979)

La menos «McCarthy» en lo aparente: una novela urbana sobre un hombre que vive en una barca en el río Tennessee. Cómica, melancólica, sorprendente. La favorita secreta de muchos lectores fieles.

Su silencio

McCarthy no hablaba con la prensa. No daba entrevistas. La única que concedió en sus últimos cuarenta años fue con Oprah Winfrey en 2007, y por casi un milagro. Esa discreción era parte de su literatura: prefería que las novelas hicieran el trabajo.

Su prosa permanece. Es una de las más reconocibles del último siglo: bíblica, sin puntuación de diálogo, lírica y brutal al mismo tiempo. McCarthy escribía con el oído de la mejor poesía y la mirada de quien no aparta la cara.

Si nunca lo has leído, la mejor manera de despedirlo es empezar.

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