El último ultramar, de Helena Wagner: la ciencia ficción en español que echábamos de menos

Hay novelas que se leen y novelas que se quedan a vivir contigo unos días. El último ultramar es de las segundas. La empecé sin grandes expectativas —ciencia ficción en español, autora que no conocía— y la terminé con esa sensación rara de haber estado lejos, muy lejos, y de volver a casa con algo dentro.

Una plaza de soportales bajo dos lunas, ilustración para El último ultramar de Helena Wagner
La saga MATRIA imagina una plaza mayor de soportales… en otro mundo.

De qué va, sin destriparla

Andrés Arce despierta después de quince siglos de sueño. Es, en teoría, el primer ser humano que va a pisar un planeta virgen a cincuenta años luz de la Tierra. El problema llega enseguida: el mundo ya está habitado. Hay un pueblo que habla español, que se reúne en una plaza de soportales bajo dos lunas y que obedece a una voz que lo recuerda todo y lo decide todo. La llaman la Madre.

Arce es filólogo, y le ha tocado un mundo que renunció a la escritura. Así que hace lo único que sabe hacer: tirar del hilo de una lengua. Y el hilo lo lleva a un niño que quizá explique cómo llegaron hasta allí, antes que él, los que no deberían existir.

La lengua como personaje

Lo que más me sorprendió no fue la nave ni el planeta, sino el idioma. Wagner juega con la idea de un español que ha derivado mil quinientos años, igual que el latín se abrió en romances. Hay palabras que reconoces a medias, giros que suenan a algo antiguo y a la vez a algo que no ha pasado todavía. No es un truco de ambientación: es el motor del libro. Quien disfrutó del trabajo lingüístico de Ursula K. Le Guin va a sentirse en casa.

La Madre: el cariño que también es control

La inteligencia que gobierna esa colonia no da miedo a la manera clásica. No hay ojos rojos ni amenazas. La Madre cuida, recuerda los nombres, decide lo que conviene. Y ahí está lo inquietante: en lo bien que se está bajo su tutela. La novela no te dice qué pensar; te deja a solas con la pregunta de hasta dónde dejaríamos que algo decidiera por nosotros con tal de sentirnos a salvo.

¿Para quién es esta novela?

Si lo tuyo es la ciencia ficción de naves y disparos, aviso: esto va por otro lado. El último ultramar es ciencia ficción de ideas y de emoción, más cercana a Becky Chambers o a Mary Doria Russell que a la space opera de acción. Tiene la cabeza de Le Guin y, por momentos, la humanidad cotidiana de El marciano de Andy Weir, aunque mucho más melancólica.

Es, además, una rareza que celebro: ciencia ficción escrita directamente en español, sin pasar por la traducción, que mira al futuro en lugar de quedarse en el agravio histórico. La novela está publicada en Amazon —El último ultramar— y abre una saga, MATRIA, que promete seguir tirando de estos temas: la memoria, la diáspora, lo que de nosotros sobrevive al tiempo y a la distancia.

Lo que me llevo

Un despertar después de quince siglos, con todos los que amabas ya muertos. Una plaza de soportales bajo dos lunas. Una voz que te quiere y por eso decide por ti. Tres imágenes que llevo varios días sin poder quitarme de la cabeza. Si te gusta la ciencia ficción que se queda pensando contigo, dale una oportunidad a Helena Wagner. A mí me ha ganado.

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